Cuaderno de bitácora de un viajero a lo pasado de la ciudad que le vio nacer. Pequeñas cápsulas del tiempo, pequeñas curiosidades que voy descubriendo en el papel de los libros y periódicos de aquellos que fueron testigos de otro tiempo, y que con estos artículos vuelven a la luz. Quedan invitados a acompañarme en este viaje.
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martes, 4 de marzo de 2008

Viva la Patria, Menacho

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Así firmó Rafael Menacho Tutlló, durante el sitio francés de 1811, la carta a Soult en respuesta a sus quejas por lanzar desde sus morteros las piedras de las calles de Badajoz al campo enemigo. Expresión que ha quedado proverbial en Extremadura y en otras partes, así como en el ejército, para demostrar que se está resuelto a la ejecución inmutable de una cosa, que uno está dispuesto a todo para llevar adelante una resolución.

Ya vimos algunos retazos de la vida de este insigne militar que prefirió morir antes de entregar Badajoz a los franceses. (Pinchar aquí para ver entrada en Junio del año pasado).

En el día del aniversario de su muerte quiero volver a recordar al que fue declarado benemérito de la patria en grado heroico.

"Dulce et decorum est pro patria mori" reza en su retrato de las casas consistoriales de Cádiz, endecasílabo de Horacio nunca mejor aplicado.

Ya comentamos que desde los 18 años de edad se dedicó a la carrera de las armas, que hallándose de guarnición en Ceuta conoció por primera vez la guerra en los dos sitios del emperador de Marruecos y que en la guerra de Carlos IV con los franceses quedó marcado por la bala del cañón como noble señal de su osadía. Se batió con los portugueses en la Guerra de las Naranjas y con los ingleses en el sitio de Gibraltar.

Llegó la hora del alzamiento de la nación española contra los franceses. Dos centurias conmemoramos este año. Con el General Castaños estuvo en los campos de Bailen. Medalla de honor y ascenso a Coronel sobre el mismo campo de batalla.

En Vélez tuvo que retirarse por en medio de la artillería francesa:

"Soldados, dijo a los suyos: la artillería enemiga está a nuestro frente, avanzando a la carrera poco será nuestro daño, más si nos retiramos, además de la muerte de muchos, la ignominia vendrá sobre todos. Adelante Campomayor"

Las alabanzas al arrojo de Menacho se iban sucediendo, mientras que su esposa e hijas suspiraban dando por bien vertidas las muchas lágrimas que sus osadas acciones provocaban.

Dieciséis días estuvo cortado Menacho con su División, y casi sin esperanza de salvarse. Estaba sitiado en Salvaleón mientras Badajoz era amenazada. Mandó a tres tamborcillos que subieran solos a otros tantos cerros distantes para encender tres hogueras. Apenas empezaba la noche. Creyendo los franceses que a aquella parte se habían trasladado las tropas españolas, acudieron a cercarlas. Menacho desfiló por el flanco izquierdo, y a marchas forzadas se dirigió a Badajoz a la una de la noche, la cual quedó consternada imaginando la llegada de los franceses. Pero Menacho era quien llegaba.

Atravesó la línea francesa que circundaba Badajoz. Era la madrugada del día 12 de Febrero de 1810. Menacho una vez pasadas las puertas de Badajoz se dejó caer rendido a la fatiga:

"Ya no puedo mas", dijo, "he salvado mi división y estoy muerto"

Sus pies chorreaban sangre por la última, aún no curada, herida de bala de fusil que recibió en el muslo izquierdo cuando el ataque a Mérida.

Quedó hospedado en la casa de Don Rafael Alvarado, comandante de los urbanos, en la calle de Santo Domingo nº49.

El 28 de enero de 1811 el mariscal Soult comenzó el asedio a Badajoz. Los esfuerzos de éste por circunvalar la ciudad, y los de las tropas de Badajoz por impedirlo con sus salidas, se repetían.

Llegó a Badajoz una noche Don Hilario Giral, burlando la vigilancia de los franceses, con la orden de sacar de la ciudad a Doña Francisca Duazo, sobrina del Vicario General del Ejército, y era portador de cartas de la familia de Menacho, que acababan de llegar a Elvas.

Sobre las diez de la noche llegó a presencia de Menacho, en cama debido a su última herida que había recibido su pierna izquierda estando en la muralla, el gobernador del baluarte de Pardaleras, cubierto de lodo, espantado, temblando y fuera de sí. Los franceses le habían sorprendido. El regimiento de Sevilla que lo guarnecía esperaba el relevo aquella noche. Supiéronlo los franceses, fingiendo el relevo por el camino cubierto que corría desde puerta Pilar a Pardaleras, el engaño se consumó. Los fuegos de Pardaleras ya se dirigían contra la plaza…

Se levantó de la cama enfurecido Menacho y ordenó que rompieran el fuego contra Pardaleras desde los baluartes a izquierda y derecha, y que colocasen muchas piezas de artillería de mayor calibre para arruinar el baluarte.

A las 8 de la mañana Pardaleras estaba en ruinas. Menacho se paseaba agitado por la ira sobre los muros de Badajoz, apoyado sobre el hombro de Giral con su brazo izquierdo y el bastón en el derecho.

Pero por los caminos cubiertos habían conseguido llevar los franceses su artillería y sobre los escombros disparaban, lograron abrir una brecha practicable de quince pies de ancho en la cortina de la muralla.

Dispuesto a no ceder Menacho dispuso que se formara una segunda muralla detrás del cuartel de la Bomba, cortó todas las bocacalles que daban salida a la muralla, aspilleró sus casas, desempedró las calles, recogiéndose las piedras en los edificios para lanzarlas en caso necesario.

A los dos días salió Giral de Badajoz llevando consigo a la sobrina del vicario y una carta de Menacho para su esposa e hijos, en la cual se decía que lo llorarían muerto, pero que prisionero nunca, que Badajoz era un segundo Gibraltar y que Soult no entraría en la plaza a menos que lo mataran:

"Dolores, como andaluz he de dejar atrás el sitio de Zaragoza, sepultándome en las ruinas de Badajoz antes de entregar la plaza a los franceses"

Soult se quejó a Menacho por el lanzamiento desde los morteros de las piedras de las calles de Badajoz, por no ser ley de guerra, pero Menacho le contestó en una carta que habiendo entrado los franceses en España y llevándose por engaño al rey Fernando VII, no tenían derecho a exigir que se les guardasen las consideraciones debidas, y que así, estaba dispuesto a defenderse de la manera que podía y quería. Terminaba la carta diciendo: VIVA LA PATRIA, MENACHO.

El fatídico 4 de marzo de 1811 hizo una salida la guarnición de la plaza. Menacho desde los muros mandaba la acción por medio de señales. A las tres y media de la tarde una bala de metralla le penetró el vacío derecho, lo hizo caer…

Pocos minutos después. entre cinco y siete, sólo pudo proferir sentir no poder ser más útil a la Patria.

"Las plumas que volaban antes sobre su cabeza, agitadas por el aire, solo podían servir ya para escribir con la roja tinta de su sangre sus hazañas" escribió Don Alfonso de Castro en 1858.

"En los muros de Badajoz imprimió con su sangre su mejor sello de su lealtad y patriotismo. Terminó sus gloriosas acciones, y acabó en aquella defensa el mayor servicio de cuantos hizo en la dilatada carrera de mas de veintiséis años de Milicia" escribieron su esposa, hermanos e hijos en 1813.

viernes, 29 de junio de 2007

Rafael Menacho Tutlló. Recuerdo de quien "perdió la vida antes que la plaza". Badajoz 1811

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Menacho, apellido que irá unido a la memoria de Badajoz por siempre jamás, gaditano de nacimiento, hijo de Benito y Francisca, nacido el 22 de mayo de 1766.

Sentó plaza de caballero cadete en el regimiento de infantería de Valencia, y desde ese día que comenzó su carrera militar, obedeció a los preceptos del estado que abrazaba, llenando plenamente los deberes de una obligación tan ardua. De teniente segundo en 1787, estando destinado en Ceuta, tuvo su bautismo de fuego contra las baterías del Emperador de Marruecos.

En 1793, estando en Francia se cruzó por primera vez con la bala de un cañón, siendo herido gravemente en el brazo y rodilla izquierda. Un año más tarde ya lo buscaban para contener al enemigo y rechazarlo. Perfeccionó el arte de las escuchas y descubiertas en las partidas de guerrillas. Innumerables veces rechazó y desalojó a los franceses en este año que ascendió a teniente primero. Fue recomendado y publicado por su general, y ya este mismo año el Rey lo graduó de teniente coronel.

Concluida la guerra con Francia, no tuvo descanso, desde 1797 contra Portugal, participando también en los 18 días de la guerra de las Naranjas de 1801. En 1802 ya era Sargento Mayor. En 1805 estuvo en el sitio contra los ingleses en Gibraltar. En 1808 ya conoció las embestidas del general francés Dupont.

Estando en Campo Mayor recibió el despacho de comandante de su batallón, e inmediatamente ya mandaba la vanguardia de su división. En Bailen se le distinguió y concedió la medalla de honor y, casi sobre el campo de batalla, se le nombró coronel.

Era tal la confianza que tenían de Menacho los generales, que cuando se proponían las divisiones embestir al enemigo, le encargaban la vanguardia; y en caso de retirada le fiaban la retaguardia.

En marzo de 1809 pasó a Extremadura, batiéndose en Medellín, y ante el arrojo y entusiasmo que demostraban sus hombres, fue ascendido en abril a brigadier. El 16 de mayo atravesó su muslo izquierdo una bala de fusil, pero no quiso retirarse de su puesto hasta dos días después.

En el mes de enero de 1810 pasó con su división a reforzar y sostener la plaza de Badajoz. En Feria lo sitiaron los franceses, pero los batió y rechazó. El 10 de febrero, aún sitiado en Salvaleón, marchó en ayuda de Badajoz, que estaba amenazado. El día 11 atravesó la línea francesa que circundaba Badajoz, entrando en la madrugada del 12, entre las aclamaciones de los pacenses, reforzando la guarnición con su acreditada y valiente división. Al tener conocimiento los franceses del hecho, emprendieron la retirada a la derecha del Guadiana.

El brigadier general Menacho, se mantuvo cubriendo la plaza, y el 27 de abril hizo una salida al presentarse de nuevo los franceses por el lado del Gévora, y tomando posición en las alturas del cerro de San Cristóbal, los desalojó de ellas y de la línea de Bervik, que ya ocupaban.

El 11 de agosto ya era el segundo jefe de las tropas del general Ballesteros. Después de la acción de Canta el Gallo, el 23 de septiembre de este año de 1810 fue promovido a mariscal de campo de los reales ejércitos.

Nombrado gobernador de Badajoz, trabajó con acierto y vigilancia para defender la plaza que había jurado defender, y la puso en el mejor estado de defensa, siendo sitiada a finales de enero de 1811.

El general Menacho era el primero en toda fatiga, y cuando no le permitía la obligación acompañar a sus soldados fuera del recinto de sus murallas, los alentaba y vigorizaba con su presencia en lo más alto de ellas, y aún sobre los merlones. Cuando el 7 de febrero hizo la salida el general Mendizábal, para desalojar a los sitiadores, subió como acostumbraba al muro, para protegerla con sus acertadas disposiciones, una bala de fusil volvió a herir su castigada pierna izquierda.

Apoyado en su fiel Sargento de Ordenanzas y en el bastón, Menacho recorría frecuentemente la muralla hasta que la inflamación le hizo imposible abandonar el lecho que había dispuesto en las inmediaciones de una de las poternas.

La brecha abierta en la cortina de la muralla, entre los baluartes de Santiago y San Juan, junto al Campo de San Francisco, hacia peligrar la posesión de la ciudad. Sobre el baluarte de Santiago, Menacho, constante en sostener la plaza que la nación le había confiado, ordenó que los granaderos de todos los cuerpos de la guarnición hiciesen una salida, para clavar la artillería y destruir las baterías imperiales, y en el acto de verificarlo, en su puesto en la muralla, despreciando como valiente el fuego, y animando con su persona la tropa, como verdadero jefe, una bala de metralla le penetró el vacío derecho, su cuerpo no admitió ya más heridas y lo dejó muerto, el 4 de marzo del año 1811, a los 44 años de edad y 26 de carrera militar.

Su sangre derramada se une a las viejas murallas de Badajoz, como argamasa que une sus castigadas piedras que defienden nuestra ciudad.

Su fallecimiento causó un gran pesar. El Consejo de Regencia al comunicar a las cortes la noticia de la rendición de Badajoz, le decía:

"Una guarnición y un pueblo merecedores de la mayor consideración de la patria, y a beneficio de los cuales debe eternizarse su memoria como una de las más valientes defensas de este siglo, y de los heroicos hechos de la presente guerra. El dignísimo gobernador don Rafael Menacho, perdió la vida antes que la plaza"

Don José María Calatrava, diputado por la provincia de Extremadura, dijo en las cortes:

"Señor, quiero ser el primero a dar a la conducta militar del general Menacho, el tributo de mi admiración y gratitud, y ¡ojalá pudiese hacerlo sin tener también que dar a su memoria el de un íntimo dolor! El general Menacho, dedicó a sepultarse en las ruinas de su plaza antes que entregarla al enemigo, ha sido fiel a su empeño generoso, y después de 38 días de sitio terrible y obstinado, cubierto de gloria de la defensa y en reiteradas salidas, ha espirado heroicamente sobre el muro, mientras animaba a sus soldados y hacía temblar a los sitiadores. Basta para inmortalizarle esta muerte, y que para que su nombre sea contado entre los héroes españoles. […].

Ved aquí en bosquejo las acciones y hechos que se deben componer la historia de este bravo defensor de la patria. El recordar sus hechos y su muerte forman el mayor elogio que puede hacerse de difunto héroe. Su muerte ha sido preciosa, porque con ella selló la obligación sagrada que la naturaleza ha impuesto a todos de defender su libertad, y gloriosa por la justicia de la causa que la motivó […]

¡Que nombre tan dulce y recomendable será para todas las generaciones de buenos españoles el de don Rafael Menacho!"

En un primer momento fue enterrado en el panteón de canónigos en el sótano de la catedral. En 1880 la comisión de monumentos de la diputación recuperó sus restos, entre ellos algunas partes del uniforme e incluso el pantalón con el agujero por donde entró la bala y el grano de metralla. Estos restos se mandaron al Museo del Ejército en Madrid a principios del siglo XX, y posteriormente se enviaron a Tenerife cuando se creo el museo militar.

En 1893 se erigió en el baluarte de Santiago el obelisco en su recuerdo.

En 1911, el centenario de su muerte, se trasladó el cuerpo al mausoleo del claustro.

¿Para cuando un Museo del Ejército en Badajoz donde honrar a sus héroes?


Comentario añadido el día 5 de Julio:

Graffiti a que hace referencia Julián en los comentarios





En este dibujo se puede observar el casco de un coracero. Casco de metal con una cresta de cobre rematada por una melena de crines de caballo, con la pluma insertada en el soporte justo delante de la izquierda del barboquejo (la pluma se guardaba en los combates en una funda).
Dragón francés
Dragón inglés