Cuaderno de bitácora de un viajero a lo pasado de la ciudad que le vio nacer. Pequeñas cápsulas del tiempo, pequeñas curiosidades que voy descubriendo en el papel de los libros y periódicos de aquellos que fueron testigos de otro tiempo, y que con estos artículos vuelven a la luz. Quedan invitados a acompañarme en este viaje.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Lápidas sepulcrales musulmanas de Badajoz. 1ª parte: Reino de Badajoz


Mil años hace.
Sabur, gobernador de la región occidental Al-Tagr al-Adna, la Marca Inferior, seguía los pasos de otras coras (provincias) de Al-Ándalus, y se independizaba del califato de Córdoba proclamándose hayib. Nacía así en el año 1013 el reino de Badajoz.

Retrocedamos un poco. El que será llamado Abderramán III (891-961), después de ser proclamado emir de Córdoba (912), dentro de las medidas para restablecer el orden interno del emirato, introdujo en la corte cordobesa a los saqalibah o eslavos, esclavos de origen europeo, con la intención de introducir un tercer grupo étnico y neutralizar así las continuas disputas que enfrentaban a sus súbditos de origen árabe con los de origen bereber.

Ya como califa, en 930 Abderramán III recuperó el control sobre la ciudad y el territorio de Badajoz, que hasta ese momento era controlado por los marwánidas, descendientes del fundador de la que será la ciudad árabe de Badajoz, levantado sobre un antiguo hisn al que llegaron por primera vez en el año 875. La cerca defensiva de adobe fue derribada para asegurar la sumisión de la ciudad.

Con las luchas por el poder en tiempos del califa Hisham II (965-1013) el poder omeya va a llegar a su ocaso definitivo. En el periodo 1009-1031 habrá 9 califas en medio de una anarquía total que traería la independencia paulatina de las taifas. Badajoz, bajo el mandato de Sabur, uno de los saqalibah o eslavos introducidos por Abderramán III hizo lo propio en Badajoz en el año 1013, y es por ello que este año celebramos el milenario del reino de Badajoz.

De Sabur, nos ha quedado su lápida sepulcral de mármol que observamos en la foto inicial, conservada en el Museo Arqueológico Provincial de la Alcazaba. Mide 0,41 m por 0,35 m, y fue encontrada en 1880 al tirar las rasantes para las obras del paseo de convalecientes, entonces en construcción, del Hospital Militar de Badajoz de la Alcazaba, y actual Biblioteca de Extremadura.

El oficial Sr. Moreno, que prestaba servicio en el Hospital Militar, cedió la lápida a D. Eduardo García Florindo, que se la vendió a  D. Luis Villanueva. Pasó en herencia a D. José Mendoza Botello, que la donó al museo arqueológico al comienzo de 1939.

 El epitafio, que está tallado sobre esta estela tabular con la parte superior arqueada, presenta un cúfico simple de tradición cordobesa, aunque con rasgos arcaizantes y mayor rigidez en su factura. El contenido de la lápida es típico de las inscripciones funerarias andalusíes en las ciudades.
En el nombre de Allah, el clemente, el Misericordioso,
éste (es) el sepulcro de Sabur el háchib, compadézcase de él
Allah. Murió en la noche del jueves
a diez noches pasadas de xaâba
del año tres y diez y cua
tro cientos (413); y testificaba
que no (hay) Dios sino Allah

 La fecha corresponde al 9 de noviembre del año 1022.
 
Sabur dejó confiada la tutela de sus dos hijos menores a su hombre de confianza Ibn al-Aftas, pero lejos de guiarlos al trono, se autoproclamó rey de Badajoz, adoptando el título de Al-Mansur o Almanzor (1022-1045 d.C.). Con Ibn al-Aftas se inicia la dinastía de los Aftásidas, que durará hasta el año 1095 en que fue derrocada por los almorávides.
 
En el museo arqueológico tenemos una estela en forma de dintel, o de friso, que perteneció al sepulcro de al-Mansur. Tiene una longitud de 1,11 m; un ancho de la cara en que tiene la inscripción de 17 cm y un grueso de 30 cm.

Esta inscripción arábiga, de un solo renglón en caracteres cúficos florido tallado en relieve, dice así: “Este es el sepulcro de Almanzor, apiádese Dios de él; murió año de siete y treinta [y cuatrocientos] (1045)”.
La palabra cuatrocientos no aparece por estar incompleta la lápida en la parte final izquierda de la inscripción (recordar que en la escritura árabe se escribe de derecha a izquierda, además de que es cursiva, enlazándose las letras unas con otras formando, siempre que sea posible, un trazo continuo llamado habitualmente ductus. Algunas letras pueden unirse tanto a la que les precede como a la que les sigue. Otras sólo pueden unirse a la anterior, pero no a la siguiente, rompiendo así la continuidad del trazo).
Fue encontrada en la Alcazaba en abril de 1883, al practicar unas excavaciones y ejecutar obras de reparo en la sala de autopsias del Hospital Militar. Estaba empotrada en un muro de ladrillo, sobre un arco de los subterráneos, a un metro de profundidad del suelo. Se llevó al museo arqueológico. Tenía restos de cal y barro. 

Originalmente debió estar emplazada en una pequeña Mezquita árabe (probablemente la entrada a la rawda o Panteón de los reyes árabes de Badajoz), que se conservaba aun en pie hasta el primer tercio del siglo XIX, según testimonio de D. Gerónimo Mendaña, maestro ebanista, el cual se encontraba en el Museo cuando fue llevada la lápida, y dio testimonio de haber visto muchas veces dicha Mezquita. Debió formar cuerpo con la Iglesia de Santa María de Calatrava como después veremos. 

Como hemos dicho, este dintel debía formar parte originariamente del sepulcro del Al-Mansur, y debía ser una versión resumida del epitafio de otra lápida desaparecida. 

Sobre esta lápida perdida de Al-Mansur, sabemos que hacia el año 1809, un canónigo llamado D. Manuel de la Rocha, sacó copia fiel de una inscripción árabe que se veía entonces en una “iglesia abandonada dentro del castillo de Badajoz”. En 1865, el ya citado Sr. D. Luis Villanueva, ilustrado correspondiente de la Real Academia de Historia, envió el dibujó original a D. José Moreno Nieto, quien se apresuró a traducirla, siendo publicada por el Sr. Barrantes, primero en la pág. XXXV de su prólogo a los Discursos patrios de Dosma Delgado [1870], y después en la pág. 317 del tomo I de su Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura. En árabe ha sido impresa casi en totalidad por el Sr. Codera en la pág. 359 del tomo IV del Boletín de la Academia. 


La traducción del primero, dice así: “En el nombre de Dios piadoso, misericordioso. Este es el sepulcro de Almanzor Abdallah—ben—Mohamed—ben—Maslama, apiádese Dios de él y del que haga oración en su favor. Murió el Martes 19 de Chumada 2º del año 437 (30 de Diciembre de 1045)”. La traducción de D. Eduardo Saavedra, difiere poco de la anterior: “En el nombre de Dios, clemente y misericordioso. Este es el sepulcro de Almanzor Abdalá, hijo de Mohámmed, hijo de Maçlama; apiádese Dios de él y de quien pida para él su clemencia: murió en la noche del martes once noches por andar de chumada postrero del año cuatrocientos treinta y siete, que fue el día penúltimo de diciembre.


Es singular que en la inscripción se anote la correspondencia de las fechas mahometana y juliana.
Con el dibujo de la inscripción vino una nota: “En el castillo de la ciudad de Badajoz hay una iglesia antigua que llaman Calatrava, aunque en ella no se ve insignia alguna de esta orden; se halla sin uso y no se tiene noticia de cuándo le tuvo: está bien reparada por haber servido en distintos tiempos para guardar pólvora y otros pertrechos de guerra. Dentro de esta iglesia hay una puerta tapiada por donde, al parecer, se subía a la torre; sobre dicha puerta se ve una piedra de alabastro con los caracteres aquí dibujados, que su relieve será el grueso de un peso fuerte. Tocándola sonaba hueco, y creyendo sería sepulcro, y este su epitafio, se levantó la piedra, pero solo se halló una alhacena sin señal alguna de haber estado depositado en ningún tiempo cadáver alguno”.

Esta lápida, por lo tanto, se quitó de su sitio aún antes de que el edificio fuese demolido y desapareció. En la demolición de este edificio se debió caer y desportillarse por un extremo la piedra con inscripción árabe de 70 cm de largo por solos 13 de ancho, que se halló al hacer las excavaciones de 1883 y que se conserva en el museo. 

La lápida primeramente conocida era con seguridad el epitafio, y la sencilla y concisa del museo debió ser un letrero que en la fachada declarase el carácter y destino del edificio. Tal vez, por estar cubierto con cal o yeso, no fue reparado por nadie este pequeño recuerdo histórico, que confirma el contenido de la lápida perdida. 

En el año de 1845 la Junta de Monumentos dispuso hacer unas excavaciones en la Iglesia de Santa María de Calatrava, ya arruinada, donde, según la expresión del Vocal encargado de practicarlas, D. Nicolás Giménez, “existían hacía poco tiempo algunas lápidas con inscripciones árabes». Aun cuando las excavaciones se profundizaron hasta 15 o 16 pies [4’20 a 4’48 metros], encontrándose tres pavimentos de diferentes épocas, el más antiguo, de la árabe, columnas, capiteles y basamentos, las lápidas no fueron entonces descubiertas. 

Es posible que, oculta la inscripción con una capa de cal y barro, de la que conservaba señales cuando llegó al Museo, no hicieron los Investigadores alto en ella, tomándola por el dintel de una portada, como, en efecto, tal era su colocación cuando fue descubierta en 1883. 

La iglesia de Calatrava fue edificada con todas las paredes de piedra y tenía tres naves, con arcos de ladrillos descansando sobre pilastras de mármol, y encima de ellas tapiería de tierra con hormigón de cal. El cuerpo de la iglesia estaba cubierto con madera, cabrios y cañas con sus tijeras entrantes a tejavana. 

 La iglesia debió abandonarse a finales del siglo XV o primera veintena del XVI, ya que en 1530 ya no tenía feligreses. En 1567 el cuerpo de la iglesia ya estaba descubierto. La capilla era de bóveda y en el arco toral, que era de ladrillo, tenía una reja de palo con una cruz encima, con sus puertas con cerradura y llave. En el cuerpo de la iglesia había tres portadas de arcos de ladrillo, dos cerradas y la otra tenía unas puertas de castaño con su clavazón de hierro, con cerrojo y cerradura por fuera, y aldaba por dentro, y cuatro aldabos [gradas] de ladrillo y piedra por donde se baja para entrar en la iglesia. 

A la derecha de dicha puerta había una portada pequeña debajo de un arco de ladrillo, por donde se entraba a una habitación pequeña que estaba debajo de la torre que servía de sacristía. En 1567 vivía una mujer que barría la iglesia. La torre era de cantería y de mampuesto de piedra y ladrillo y cal, y no había escalera para subir a ella, y encima del arco toral estaba el esquilón con su cadena. 

La iglesia estaba solada de ladrillo, pero en 1567 la nave de en medio estaba por algunas partes solada y por otras partes no, y las otras dos partes estaban llenas de tejas que se habían caído del tejado y lleno de hierba, y la pila de bautizar estaba ciega, que es de ladrillo y cal.  

Al lado de la Epístola, es decir,  en el lado derecho desde el punto de vista de los fieles mirando hacia el altar, había una alacena pequeña de piedra de mármol y encima de ella una piedra de mármol llena de letras antiguas.

En el siglo XVI al describir los arcos de ladrillo que había sobre las columnas de mármol, decía que eran como los de la mezquita de Córdoba. 

En este lugar pudo estar la Rawda o cementerio principesco de la alcazaba. 

Tras la guerra de la Independencia se producen una serie de reparaciones del Hospital Militar, pero no es hasta el proyecto de Manuel Ubiña de 1850, que se construyen dos crujías reaprovechando parte de los muros existentes, obra que finaliza en 1853. Es el proyecto de Javier Ortiz de 1859 el origen del aspecto y diseño del actual edificio, en el que se absorbía la torre de la iglesia de Santa María la Real. En 1857 dicha iglesia servía de almacén de paja del hospital, aunque la titularidad era del Ayuntamiento. Solicita la cesión del edificio para prisión militar, cosa que se acepta. Poco después se solicita la cesión del inmueble para incorporarlo a la estructura del Hospital, cosa que se hace a cambio de la reparación de la torre de Espantaperros. En 1864 las obras ya están completas. Los muros que sustentan las crujías, de 1 metro de espesor, se asientan en unos cimientos macizos de entre 3 y 6,5 metros de profundidad hasta alcanzar la caliza del terreno, atravesando escombros. 

Según Amador de los Ríos esta inscripción desapareció al construirse una nueva planta del Hospital Militar y supone que fue utilizada en la cimentación del mencionado edificio. 

Según Vicente Barrantes, las columnas de la iglesia se utilizaron como pedestales del alumbrado público y las sepulturas de los reyes moros se utilizaron en la cimentación del Hospital militar. La losa sepulcral se ha perdido hacía pocos años. Unos dicen que se metió en el cimiento del Hospital, donde se “aprovecharon” muchas piedras romanas y árabes, y otros en una cisterna de la calle Granado. 

Tanto el epitafio de Sabur como el dintel con el de al-Mansur forman parte del escaso número de inscripciones funerarias que se han conservado de soberanos musulmanes de al-Ándalus. 

Tomás Romero de Castilla dice que apareció otra lápida de piedra negra o azul, muy fina y muy pulimentada, con caracteres semejantes a los de las otras dos. Salió partida en cuatro pedazos, siendo triturada para aprovechar los cascotes en la obra del jardín que se estaba construyendo. Probablemente era una lápida sepulcral de alguno de los otros reyes de Badajoz...
 

domingo, 15 de septiembre de 2013

Moustache, recuerdo de un héroe muerto en el sitio francés de 1811 a Badajoz



Moustache (bigote o mostacho), era el nombre de un famoso perro francés que hizo casi todas las campañas napoleónicas del Consulado y del Imperio.

Era un barbet o perro de aguas francés, con largas orejas y pelo lanoso, largo y rizado. Daba la impresión de tener barba y bigote. Este soldado de la Grande Armée estaba dotado de notable inteligencia y siempre demostró una dedicación ejemplar.

Nacido en una granja de Falaise, en Normandía, en septiembre de 1799, fue dado a los seis meses a un comerciante de comestibles en Caen. Un día, cuando el joven perro estaba deambulando por las calles de Caen, pasó una compañía de granaderos de élite que desfilaba al son del tambor. Atraído, tal vez, por la música, nuestro cuadrúpedo travieso siguió la estela de los granaderos, se puso a la altura de un tambor y decidió seguirlos hasta los cuarteles.

Fue así como el joven Barbet se alistó en la media brigada de la guarnición, que lo adoptó. Fue bautizado con el nombre de "Moustache" y aprendió el oficio.

La guarnición de Caen era en ese momento la 40ª media brigada de infantería de línea. En la entrada del cuartel se acostumbraba a ver a nuestro "perro" de guardia cerca del centinela, y ladrando cada vez que alguien entraba o salía. Estaba muy apegado a los soldados.

El animal estaba dotado de "una nariz" verdaderamente extraordinaria. Los soldados se divertían descubriendo el don natural del perro y llegaron a resultados sorprendentes. Le daban a oler un sombrero, una bolsa o cualquier otro objeto perteneciente a alguno de los soldados. Cualquiera que fuera la distancia, el perro se las arreglaba para llegar al soldado al que pertenecía el objeto que se le había hecho oler.

En enero de 1800, amenazado por una invasión austriaca, Napoleón, entonces Primer Cónsul, decidió dividir sus fuerzas en tres ejércitos. El primero estaba situado a orillas del Rin de Estrasburgo a Basilea, al mando del general Moreau, y el segundo, bajo el mando del general Massena estaba situado entre Génova y Niza, y el tercer ejército, llamado de Reserva, se formará entre Dijon y Ginebra.

El ejército de Reserva, al mando del Primer Cónsul, cruzará los Alpes para tomar al enemigo por detrás de Italia.

Durante el mes de marzo de 1800, el general Gardanne, al mando de la 14 división militar de Caen, recibió la orden de ir hacia el sur-este de Francia para ir a la Reserva del Ejército. Los tres batallones de la 40ª media brigada parten con su "mascota". Durante la marcha, como un explorador, a menudo el valiente perro se coloca delante de la columna.

A principios de abril, la 40ª media brigada llega a los alrededores de Dijon. Se incorporan a ladivisión del General Watrin, del Cuerpo de vanguardia al mando del general Lannes. La misión de esta vanguardia, compuesto por tropas de élite, fue limpiar todo lo que podría ser obstáculo del avance del ejército principal.

En la noche del 14 al 15 de mayo, Moustache y su media brigada llegaron los primeros, con el general Lannes en cabeza, al Col du Grand-Saint-Bernard. La ascensión por senderos cubiertos de nieve y terribles precipicios, era muy difícil. Después de un descanso, las tropas marcharon hacia el Valle de Aosta en la dirección de la llanura del Po.

El 9 de junio Lannes destrozó a los austriacos en Montebello.

El 13 de junio, la víspera de la batalla de Marengo, la 40ª media brigada, estacionada en el corazón del Piamonte, en el valle de Balbo, no lejos de la ciudad fortificada de Alejandría, fue sorprendida por la noche por un destacamento austriaco.

Moustache, que estaba dando su pequeño paseo, logró localizar un espía austriaco disfrazado, que se había infiltrado en el campamento francés. Su furioso ladrido da la alarma, y después de una breve lucha, fue rechazado el enemigo.

Durante este encuentro Moustache resultó levemente herido en el muslo por una bayoneta.

Como recompensa por su valiente acción, fue citado en el orden del día, siendo premiado, recibiendo a partir de entonces un aseo diario, un cuenco de comida adicional y un peinado una vez a la semana.

Al día siguiente fue la batalla de Marengo. Aunque cojeaba un poco, Moustache, que iba en cabeza de la media brigada, vigilaba de cerca al portador de la bandera. Un enorme mastín austríaco trató de atacar al abanderado. Moustache se lanzó con valentía contra el mastín cuando por una bala cayó muerto su oponente canino. Momentos después Moustache recibió una bala que le atravesó una oreja y le rozó el hombro.

Después de esta victoria, Napoleón se fue a Milán el 24 de junio, y luego regresó a París, tras haber confiado el mando del ejército al general Brown. El ejército austríaco, aunque seriamente dañado, seguía amenazando en el Tirol italiano.

La misión del general Brune era pasar a la orilla izquierda del Mincio y empujar a las fuerzas austriacas de este sector.

Siempre presente en la división del general Watrin, la media brigada del valiente Moustache, al mando del coronel Legendre Harvesse, participa el 25 de diciembre 1800 en la Batalla de Pozzolo y el 26 en la de Mozzembano.

Todas estas victorias conducirán a la firma de la paz de Luneville entre Francia y Austria, que será firmada el 9 de febrero 1801.

El 22 de marzo 1801, la 40ª media brigada recibió la orden de regresar a Francia para ir al departamento de Finisterre. Moustache siguió a sus compañeros que tenían guarnición en Brest, y luego, en 1803, al campo de Saint-Omer en el Pas de Calais.

En septiembre de 1803, el ejército francés se reorganizó y la media brigada del valiente cuadrúpedo, se convierte en el 40º regimiento de infantería de línea que estará ahora integrado por cuatro batallones.

El campamento de Saint-Omer, cuya sede se encuentra en Boulogne-sur-Mer, tenía, como comandante en jefe, al general Soult.

A finales de agosto de 1805, la Grande Armée, establecida en los diversos campamentos en las orillas del Canal, comienza su movimiento, en dirección a Austria.

El 40º regimiento de línea, al mando del coronel Legendre Harvesse, se encuentra en la división del general Suchet del quinto Cuerpo bajo el mando del mariscal Lannes. El 2 de septiembre, el regimiento y su "mascota" partió hacia el Rin, que franquean el 30 de septiembre.

El 2 de diciembre de 1805 en Austerlitz, Lannes, al mando del ala izquierda francesa, tiene por misión cortar el ala derecha rusa del General Bagration, en el camino a Olmutz, hacia el norte. La batalla se está librando desde hace muchas horas para tratar de contener a los rusos.

Los regimientos 34º y 40º de línea cargan con las bayonetas, y literalmente se funden con los rusos. En este cuerpo a cuerpo el intrépido Moustache se lanzó, bajo el fuego de las balas y de metralla, a ayudar al portador de la bandera de su regimiento. El soldado se encontró repentinamente aislado y rodeado por el enemigo. Él se defiende como puede, blandiendo el mástil del "Eagle".

Pero la resistencia es inútil y el abanderado está a punto de sucumbir. "A la bandera" gritaba el infortunado soldado con voz desesperada. Por desgracia, nadie le oye. Nadie, excepto Moustache. El perro corre, pero no pudo hacer nada por el soldado, herido de muerte, que se derrumba agarrando la bandera contra él.

El valiente animal salta sobre el cadáver del portador de la bandera, ladrando furiosamente, enfrentándose a los rusos que querían capturar "el águila". 

 
Está a punto de ser ensartado por las bayonetas, cuando de repente, un tiroteo hizo huir al enemigo. Moustache, aprovecha este breve momento y hábilmente agarra con la boca el asta de la bandera. Tira con todas sus fuerzas de la bandera que está bajo el cuerpo del soldado desafortunado, y consigue llevar los fragmentos desgarrados del triunfante "Eagle" hacia las líneas francesas, pero cuando aún no había llegado una bala le destroza una pata, cayendo cerca de las líneas francesas, siendo encontrado poco después, sin fuerzas, pero manteniendo siempre en la boca el glorioso trofeo.


Esta hazaña le valió una pata rota, pero también todos los honores.

El mariscal Lannes le impuso en persona un collar con una medalla de plata grabado en un lado:

"Moustache, chien français. Qu'il soit toujours respecté comme un brave"
Moustache, perro francés. Que sea siempre respetado como un valiente

Y en el otro lado:

"À la bataille d'Austerlitz, il eut la patte cassée en sauvant le drapeau de son régiment"
En la batalla de Austerlitz, sufrió la fractura de una pata por salvar la bandera de su regimiento

Moustache fue célebre, y pronto fue presentado al emperador, con quien saltó a la orden y ejecutó algunas gracias como la de hacer el saludo militar levantando una pata hasta la oreja.

Moustache participa después con su regimiento en las campañas en Prusia (Jena, 14 de octubre 1806) y Polonia (Friedland, 14 de junio 1807).

En julio de 1807, se encuentra en Silesia con el 5 º Cuerpo del Ejército de Ocupación, del mariscal Mortier.

Parte de Silesia el 8 de septiembre 1808 el 40º de línea hacia España, también con el 5º cuerpo del mariscal Mortier. El regimiento de Moustache, mandado por el coronel Chassereaux se incorporó en la división del general Suchet. El 30 de noviembre llegaron a Bayona y cruzan la frontera para Irún el 1 de diciembre.

Al final de diciembre de 1808, el 5º cuerpo llega a Zaragoza y su misión era cubrir el asedio de la ciudad hasta su rendición el 21 de febrero de 1809.

El 19 de noviembre 1809, el 40º de línea, en la división del General Girard, con valentía se acercó a los españoles bajo el fuego intenso de su artillería en Ocaña. Es en esta acción que el coronel del regimiento fue herido por un disparo en el hombro.

En 1810, el heroico Barbet era ya un "veterano" de la Grande Armée.

En 1811, Moustache y su regimiento continúan en la división Girard del 5º Cuerpo. El 26 de enero las tropas francesas del mariscal Soult se presentan ante Badajoz, que alberga una guarnición de más de 9.000 soldados, equipados con una artillería formidable, comandados por el General Menacho.

Con un tiempo abominable que duró varios días, el 40ª Regimiento de línea se establece en la margen izquierda del arroyo Calamón.

Pasaron las semanas y el asedio se prolongó bajo una incesante lluvia de balas.

Después de una feroz resistencia, la ciudad se entrega a los franceses.

Durante los últimos días del asedio, Moustache, el valeroso perro que había sobrevivido a multitud de batallas, es alcanzado por una bala de cañón, muriendo el 11 de marzo de 1811, día en que toman posesión de la ciudad los franceses. Ese día, se vio llorar a viejos veteranos ante su leal y valiente compañero.

Fue enterrado con honores militares en el borde del río Guadiana, con su collar y medalla, donde había caído. En su modesta tumba se colocó una gran piedra plana sobre la que estaba escrito el siguiente epitafio:

"Ci-gît Moustache, un brave, mort au champ d'Honneur"
Aquí yace Moustache, un valiente, muerto en el campo del honor

Badajoz fue recuperada en 1812 y tras terminar la guerra, en 1814, por orden de la Inquisición española, la tumba fue profanada: rompieron la piedra y desenterraron los restos del pobre perro para quemarlo.

Moustache entró en la leyenda.


El 11 de marzo de 2006 fue honrada su memoria con un homenaje y una placa en el famoso cementerio de mascotas de Paris.