Cuaderno de bitácora de un viajero a lo pasado de la ciudad que le vio nacer. Pequeñas cápsulas del tiempo, pequeñas curiosidades que voy descubriendo en el papel de los libros y periódicos de aquellos que fueron testigos de otro tiempo, y que con estos artículos vuelven a la luz. Quedan invitados a acompañarme en este viaje.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Portugaleses y Bejaranos. Las luchas del Badajoz del siglo XIII

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Convulsos tiempos aquellos del siglo XIII. Badajoz sufría la venida de sus nuevos pobladores cristianos tras la toma de la ciudad en 1230.

Las luchas por el poder eran constantes. Las mezquitas se reconvertían en iglesias y ermitas, las familias nobles se asentaban en sus nuevas casas señoriales y palacios. Difícil equilibrio la llegada de las órdenes militares, el nuevo cabildo y obispado, el nuevo concejo. Dos linajes se disputaban la supremacía. Los portugaleses y los bejaranos.

Los antiguos moradores de Badajoz mozárabes y judíos veían con esperanza el fin de las guerras y una nueva etapa se abría, pero la llegada de los nuevos señores comenzó a germinar nuevos nubarrones. Dos clanes se estaban formando…

Dos mujeres sobresalían en la ciudad. Doña Mayor Gutiérrez, noble portugalesa, que de sus obras pías hasta hoy nos han llegado noticias, y Mari Domingo, la bejarana, cuya bravura trascendió hasta la Corte Real.

Gran influencia tenía Doña Mayor, no en vano su hijo Alfonso Godinez que fue privado de Alfonso X y luego de Sancho IV, contaba con gran ascendiente en la corte castellana.

Medio siglo de entresijos y disputas trajeron de nuevo el sonido de las armas a Badajoz.

Aún vagan sobre Badajoz miles de almas en penitencia como recuerdo de la infamia y de la envidia…

Una vez hecha esta licencia por mi parte en la introducción de esta entrada, comencemos a ver la denominada "leyenda de los Portugaleses y Bejaranos", sobre los terribles hechos acaecidos a finales del siglo XIII en Badajoz durante el reinado de Sancho IV el Bravo, teniendo como telón de fondo las discordias y luchas fratricidas habidas entre las dos familias de abolengo de la ciudad.

Comencemos, contextualizando el panorama en que se encontraba la península ibérica en la época de que ocurrieron estos hechos.

El mismo año que pasó Badajoz a manos de Alfonso IX de León en 1230, éste fallece, sucediéndole Fernando III el Santo, que pasa a ser rey de Castilla y de León. A éste le sucede Alfonso X el Sabio en 1252, el cual tuvo la desgracia de sobrevivir la muerte de su heredero Fernando de la Cerda en 1275 (toma el apodo de "de la Cerda" por haber nacido con un mechón de pelo en el hombro).

El rey Sabio dejó dicho en su testamento que el reino debía pasar a su nieto primogénito, el Infante don Alfonso de La Cerda (hijo de Fernando, del cual su dinastía heredó su apodo) y al mismo tiempo desheredaba a su segundo hijo, Sancho. Pero nada de esto ocurrió.

Bastante complicado resumir el problema sucesorio de la muerte a Alfonso X de 1284, pero lo cierto es que Sancho se alzó como rey sin respetar la voluntad de su padre y fue coronado en este mismo año. Fue reconocido por la mayoría de los pueblos y de los nobles, pero al mismo tiempo hubo un grupo bastante numeroso de partidarios de los Infantes de la Cerda, que reclamaban el acatamiento del testamento en cuestión. Durante todo el reinado de este monarca hubo luchas internas y peleas por alcanzar el poder.

Y cuando en un punto de un reino hay alzada una bandera de rebelión, a ella apelan y recurren los descontentos de todas partes, y los que temen el rigor de las leyes ó de la autoridad. Así se proclamó a don Alfonso de la Cerda como su rey en Badajoz, como ahora veremos, que trajo consigo que todos aquellos que eran del linaje de los bejaranos fueran degollados "entre omnes et mugeres quatro mjll y mas”.

Estos dramáticos hechos fueron transmitidos de boca en boca por los juglares, siendo recogidos por los escritores de cada época.

Vamos a dejar que nos lo cuente nuestro Lorenzo de Sepúlveda, cronista y poeta del Badajoz del XVI, que nos ha legado un hermoso romance que da cuenta de estos sangrientos sucesos en sus "Romances nuevamente sacados de historias antiguas" de 1551:

Allá dentro en Badajoz
dos bandos hay muy contrarios,
uno los Portugaleses
contra de los Bejaranos.

Acusan los Portugueses
a el su contrario bando,
sobre el gozar de las tierras
queriendo ser ventajado.

El rey Don Sancho está en Burgos,
las querellas le han llegado;

el Rey por los Portugueses
se mostraba aficionado.

Quitar los heredamientos
mandó a los Bejaranos,
y que de ellos todos gocen

los que eran ajustados.

Los Bejaranos se quejan,
viéndose desheredados;
importunaron al Rey
que revoque lo mandado,

porque andan muy perdidos,
de sus haberes privados.

El Rey viendo su razón
y que eran agraviados,
mandó luego dar sus cartas
en que en ellas ha mandado

que luego los Portugaleses
vuelvan a los Bejaranos

todos sus heredamientos
sin haber cosa faltado.

A Badajoz se trujeron
y les fue notificado;
no lo quisieron cumplir
ni volverles lo tomado.

Al rey tornara a quejarse
todo el bando Bejarano.

El rey le dio por respuesta,
que pues no cumplían su mando,

y habían tan gran poder
como tenían sus contrarios,

hagan por fuerza cumplirlas,
si no quisieren de grado.

Con esto que dijo el Rey
gran orgullo habían cobrado;
llegaron a Badajoz,
apercibieron su bando.

Todos con armas secretas
con presteza se han armado;
dijeron que cumplan luego
las cartas que el Rey ha dado.

No quieren los Portugueses,
mas aquesos Bejaranos

echan la mano a sus armas,
en ellos hacen estrago.

Alzáronse con la villa
viendo el mal que habían obrado;

cobraron miedo del Rey
que se lo habría demandado;

témense mucho de muertos
no podrán ser escapados.

En la villa que es muy fuerte
puesto han muy gran recado
de gentes y bastimentos,
y contra el Rey se han lanzado.

Nombran rey a Don Alfonso
que es hijo de Don Fernando.

El Rey con crecido enojo
su mensaje había enviado

al maestre de Calatrava,
don Rodrigo era llamado,

y al gran maestre de Temple
y a otros muchos hijosdalgo,
y a Córdoba y a Sevilla
a todos les ha rogado,
que cerquen en Badajoz

todo el bando Bejarano.

Como ellos lo supieron
al castillo se han pasado;
alzáronse con la Muela
que era muy fortificado.

Los del Rey allí los cercan;
mas luego se han concertado,
que den el castillo al Rey,
y ellos les han segurado
que el Rey los perdonaría
sin castigar lo pasado.

Debajo de este seguro
luego se habían entregado;
ansí también el castillo
los del Rey lo habían cobrado.

El Rey con crecido enojo
mandó matar todo el bando:
entre hombres y mujeres
cuatro mil han degollado.

Todos los mató en un día,
que ninguno no han dejado,
que hobiese por apellido,
sobre nombre, Bejarano.

La justicia fue cruel,
según que vos he contado;

pero los que son traidores
merecen haber tal pago.


¿De que historias antiguas habían nacido estos versos de Sepúlveda?

A Ferrán Sánchez de Valladolid se le atribuye la labor de ordenar una espesa red de crónicas de España, como la llamada Versión amplificada de 1289. Ferrán compone la Crónica de Alfonso X y la Crónica de Sancho IV, con el aparente propósito de reconciliar las dos figuras reales. Luego proseguirá el género con la Crónica de Fernando IV.

La Crónica de Sancho IV tenía dos objetivos: justificar el linaje del rey que encarga esta tarea historiográfica y mostrar la maldad de los poderosos, cuyas actitudes tantos problemas trajo al reino y al rey.

Veamos que podemos sacar de la crónica de Sancho IV, que podemos encontrar en el manuscrito de la Biblioteca Nacional 829 (olim F-31):

"E estando el rrey don Sancho en Burgos llególe mandado en commo la su çibdad de Badajoz oujeran contienda los vnos con los otros de los linajes que auja y vnos de bejaranos et otros portogaleses et la contienda que entre ellos ouo fue sobre demandas et acusaçiones que los portogaleses fazian a los bejaranos por que dezian que aujan tomado los mas dellos algunos de los términos de que se aprouechauan."

Vamos a ir facilitando la lectura. Parece ser que dice: Y estando el rey Sancho en Burgos le llegó noticia de cómo en su ciudad de Badajoz había disputas entre los linajes que había, bejaranos y portugaleses, siendo la disputa sobre demandas y acusaciones que los portugaleses hacían a los bejaranos porque decían que habían tomado algunos términos de que se aprovechaban.

"Et por ende que don Alfonso Rodríguez que era priurado del rrey que tomasen los heredamjentos a los bejaranos et los entregasen a los portogaleses."

y por orden de Don Alfonso Rodríguez, que era privado del rey, que tomasen los heredamientos a los bejaranos y los entregasen a los portugaleses.

Debe de referirse a Don Alfonso Godínez, que como hijo de Doña Mayor Gutiérrez era de origen portugués, que fue privado de Alfonso X y luego de Sancho IV, y que contaba con gran ascendiente en la corte castellana.

Según algunos, este apellido Godínez es patronímico ya que procede del nombre propio de Godino muy usado entre los godos. Hay cronistas que señalan que, desde Asturias pasaron a Portugal donde poblaron Coimbra, descendiendo de ellos cierto caballero portugués de nombre Godino que fue padre de Elvira Godínez, mujer de Alboazar Ramírez, hijo natural del rey Ramiro II. Alfonso Godínez fue Señor de Jareicedo (Cáceres), siendo muy apreciado por el rey don Sancho "el Bravo", a cuya Real Cámara perteneció.

Sigamos con la crónica de Sancho IV "El Bravo":

"E por esta rrazón andudieron fuera de la çibdad algunos de los bejaranos querellándose al rrey del mal que resçiberon en tornarles lo suyo et el entregarlo a los otros et pidiéronle por merced muchas vezes que gelo mandase entregar. Et a cabo de gran tiempo veyendo el rrey que los agraujaua mandoles dar sus cartas en commo gelo entregasen. E desque llegaron las cartas a Badajoz non quisieron conplirlas los portogaleses et tornáronse commo de cabo los bejaranos a dar querella al rey que non querían conplir sus cartas et con grand afincamjento que le fazían díxoles que, pues que ellos naturales eran de Badajoz, que tamaño et mayor lugar aujen ellos commo los portogaleses que quando sus cartas non quisiesen conplir los portogaleses que ellos deujen fazer por que las cunpliesen. Et con esta palabra que les dixo el rrey fueronse los bejaranos para Badajoz et aperçibieron todos sus parientes et a todo su vando et desque leyeron las cartas en conçejo et non las quisieron los portogaleses cumplir et commo yuan aperçebidos pelearon con ellos et mataron muchos de los portogaleses en guisa que se apoderaron de toda la çibdad. Et desque fueron entendiendo quán mal lo aujan fecho, tomaron grand miedo del rey que los mataría por esta rrazon et alçáronse en la Villa de Suso que es muy fuerte et desque la oujeron bien basteçido et fueron bien apoderados Della et con el miedo que aujan tomado del rey oujeron a tomar boz de don Alfonso fijo del infante don Fernando."

Y por esta razón salieron de la ciudad algunos de los bejaranos quejándose al rey del mal que recibieron al quitarle lo suyo y entregándoseles a los otros, y pidiéndole al rey muchas veces que se lo devolviesen. Y al cabo de gran tiempo viendo el rey que los agraviaban, les mandó orden para que se les devolviesen. Y desde que llegaron las órdenes del rey a Badajoz, no quisieron cumplirlas los portugaleses y volvieron los bejaranos a quejarse al rey que no querían cumplir el mandato real y con gran afincamiento que le hacían les dijo que, pues como ellos eran naturales de Badajoz, y como eran mas, cuando los portugaleses no quisieran cumplir su mandato, ellos debían hacer cumplirlo. Y con estas palabras que les dijo el rey regresaron los bejaranos a Badajoz y prepararon a todos sus parientes y a todo su bando y desde que leyeron los mandatos en el concejo y no las quisieron los portugaleses cumplir y como se habían preparado, pelearon con ellos y mataron a muchos de los portugaleses, apoderándose de toda la ciudad. Y desde que se dieron cuenta del mal que habían hecho, temieron que el rey los mataría por esta razón y se hicieron fuertes en la Villa de Suso que era muy fuerte y abasteciéndola bien y bajo su poder, y temerosos del rey, tomaron parte a favor de don Alfonso, hijo del infante don Fernando.

Habla de la Villa de Suso, refiriéndose a la ciudadela del castillo.

Sigamos:

“E el rey don Sancho enbió luego mandar a don Rodrigo, maestre de Calatrava, et al maestre de Santiago et al maestre de Alcantara et al maestre del Temple et al prior del Ospital et a los del reynado de Seujlla et de Cordoua que fueses a çercar a Badajoz. E los que estauan en la villa alçáronse en la muela de ençima del castillo e, desque y llegaron estas gentes, todas troxieron pleito con los del castillo que los segurauan de parte del rrey que non les farían mal njnguno. Et ellos por este aseguramjento dieron el castillo. Et dado el castillo mandó el rey que matasen a todos aquellos que eran del linaje de los bejaranos et mataron entre omnes et mugeres quatro mjll y mas.”

Y el rey don Sancho envió luego mandar a don Rodrigo, maestre de Calatrava, y al maestre de Santiago y al maestre de Alcántara y al maestre del Temple y al prior del Hospital y a los del reino de Sevilla y de Córdoba que fuesen a sitiar a Badajoz. Y los que estaban en la villa se alzaron en la muela de encima del castillo y, desde que llegaron estas gentes, todos negociaron con los del castillo que les aseguraron de parte del rey que nos les harían mal ninguno. Y ellos por esta promesa rindieron el castillo. Y rendido el castillo mandó el rey que matasen a todos aquellos que eran del linaje de los bejaranos y mataron entre hombres y mujeres a mas de cuatro mil.

Y hasta aquí lo referente a estos sucesos en esta Crónica de Sancho IV que dieron origen a los versos de Sepúlveda.

(No he conseguido encontrar este tal don Rodrigo ¿maestre de Calatrava?, quizás fuese el prior)

Pero ¿Cuando se produjeron estos hechos?

Matías Lozano en su libro “Badajoz y sus murallas” de 1983, nos trascribe esta leyenda en parecidos términos, pero añade que en 1288 vino a Badajoz Sancho IV a intentar poner fin a las repetidas guerras civiles que arruinaban la ciudad, consiguiendo aparentemente que hicieran las paces. También añade que los decapitaciones se produjeron el 19 de Mayo de 1289 en el que después se llamó Campo de San Roque y que al lugar de los enterramientos se le llamo del Osario, después llamado Ensario.

Añade Matías Lozano, que este lugar del Osario, es posible que partiera de las proximidades de la margen derecha del riachuelo Rivillas y que continuara a los largo del camino de los Lagares, paralelo al antiguo camino de Mérida, terminando en las proximidades de la ermita de San Roque.

Que la muerte de los Bejaranos se produjera el 19 de Mayo de 1289 y que Sancho IV viniera a Badajoz en 1288, parece ser que viene de nuestro gran recuperador de “cuentos y tradiciones” Nicolás Díaz y Pérez (1887), que esta vez si da a conocer su fuente, el libro juvenil de Fidel Fita y Colomé y Aureliano Fernández-Guerra y Orbe de 1880 “Recuerdos de un viaje a Santiago de Galicia”, aunque no puede despreciar tomar estas fechas, considera que esta leyenda no tiene el menor fundamento.

¿Y que nos cuenta el Padre Fita y Don Aureliano para que el mismísimo Don Nicolás desconfíe?

Aparte de que a Sancho IV el Bravo, primero se le apodó “el Pravo” (En el diccionario RAE: Perverso, malvado y de dañadas costumbres), añade que el ataque de los bejaranos a los Portugaleses se produce cuando alboreaba el día de Pascua, 10 de Abril, haciéndolo coincidir con la muerte del obispo celebrando misa en la Catedral.

Yo tampoco me puedo resistir exponer esta historia:

“Acercase la hora de la misa mayor, y ni canónigos ni servidores de la iglesia, nadie se atrevía a dirigirse al templo. Un santo y anciano sacerdote no puede llevar en paz que deje de celebrarse el oficio divino; penetra en la Catedral, acompañado de su fiel paje, hace abrir las puertas, repicar las campanas, se reviste, sube al altar mayor, espera largo rato; pero la iglesia está vacía: ni un alma, excepto el preste y su monaguillo, atravesó los umbrales. Por fuera asordan el espacio gritos de venganza y enojo, maldiciones y blasfemias, y el incesante golpear de las armas. Comienza la misa; y en la plegaria que sigue al introito, pide con vehementísima caridad el celebrante que, al renovarse en tal glorioso día el sacrificio del Unigénito de Dios nuestro Redentor y Maestro, no falte devoto pueblo que lo presencie y ensalce y glorifique. Vuélvese para la salutación de rúbrica, y párase inmóvil y absorto al contemplar llena toda la iglesia de inmenso y devotísimo concurso. Renueva la salutación al principar el ofertorio, y entre los asistentes ve infinitas damas con riquísimos brocados, próceres y magnates con garnachas y preciadas lobas, guerreros ilustres de acerina malla cubiertos, caballeros en cuyos mantos resplandecía la verde cruz de Alcántara, dos o tres monges que ceñían mitra episcopal, y algún prelado a quien el mismo celebrante cerró los ojos en el lecho de muerte. Entonces conoció que los muertos se habían levantado de sus sepulturas para asistir a la santa misa; y en los momentos pidió con ardorosas lágrimas por los vivos y los difuntos. Pero al volverse y decir Ite, missa est, aquel inmenso pueblo de ultratumba desapareció como por ensalmo; y al inclinar sobre el altar el sacerdote la cabeza y pedir a la Trinidad Santísima que admitiese el tributo de su fiel servidumbre, espiró en aquel punto, quedando yerto cadáver. No debía permanecer ya entre los vivos quien se había ofrecido de esta manera en sacrificio con la hostia inmaculada para aplacar la justa ira del cielo.”

¿Y de donde viene esta historia?

26 años antes se publicó “El Aniversario” de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas.

“El Aniversario” se publicó en 1854 como la Leyenda Tercera del Tomo III de Romances históricos y leyendas.

El Aniversario, es uno de los acabados modelos en el género fantástico, hábilmente mezclado con la vida real, donde reviven llenas de interés y de verdad las tradiciones populares de la edad media.

Según Eugenio de Ochoa “La tradición en que se funda la tercera de estas leyendas, la menos esmerada en su forma, es una de las mas admirablemente bellas que conocemos: sacada de una antigua crónica de Badajoz lleva en sí un carácter tal de grandeza y terror al mismo tiempo, que no es posible pensar en ella sin sentirse profundamente sobrecogido. Aquel templo lleno de improviso con las sombras de los antiguos conquistadores de la ciudad; aquel celebrante que, cumplida su misteriosa misión, cae muerto cual si le hubiera herido un invisible rayo, son imágenes cuya grandiosa novedad pasma y aterra: no tiene la edad media, tan rica de tradiciones poéticas, otra que lo sea mas que esta, ni acaso tanto. El contraste entre la última escena de este tremendo drama y las dos anteriores que preparan su desenlace, da á este un realce indecible: desde el alcalde cogido y volteado por un novillo de cuerda, hasta el sacerdote que
“En la desierta catedral en donde
Ni aun ornan el altar lucientes cirios,
Y cuya soledad lo asombra y pasma,
Entra despavorido,”

hay toda la distancia que separa á la materia del espíritu, a la tierra del cielo.

Ángel de Saavedra nos cuenta que Badajoz arde en fiestas con motivo del aniversario de su expugnación. Pero una antigua rivalidad entre Bejaranos y Portugaleses estalla de nuevo y ambos bandos se atacan con sañuda impetuosidad. La refriega se prolonga toda la noche y aún dura al siguiente día. Tan terrible suceso retiene en sus casas a los habitantes de la ciudad, y si bien la campana del templo llama a los fieles, sin que se sepa quién la impulsa, pues en la catedral, donde había de celebrarse la festividad del aniversario, sólo se encuentra el sacristán que ayuda a misa todo amedrentado y el sacerdote que la dice, más muerto que vivo, nadie concurre al santo sacrificio ante el temor de ser víctima de los furiosos contendientes. Y cuál no sería la tremenda sorpresa del preste, cuando al volverse para exclamar: El Señor sea con vosotros, -exclamación que había sido precedida de honda y ardiente plegaria, por medio de la que se impetraba de Dios pusiera término a la feroz reyerta y atrajese al templo a los fíeles- advierte que el sagrado recinto está ocupado por la más extraña e impresionante multitud...

- I -
La velada

Hundiéndose en los mares de Occidente
tras de las lomas áridas y adustas,
lindes de Lusitania y de Castilla,
un sol de otoño, entre rosadas brumas,

recortó con sus últimos destellos
las altas frentes y erizadas puntas
de las torres y montes convecinos.
que a Badajoz defienden y circundan.

Y en cuya catedral los sacros bronces,
que en la región de las tormentas zumban,
para el sol venidero le anunciaron
festividad solemne y pompa augusta.

Las del aniversario de aquel día
en que el Séptimo Alfonso de la furia
y del poder triunfando sarraceno
expugnó a Badajoz tras larga lucha.

(¿Alfonso VII? Según la numeración cronológica real del Reino de León, Alfonso IX debería ser conocido como Alfonso VIII de León, pero su denominación con el ordinal IX es la más habitual. ¿se refiere a Alfonso VII (1105-1157)? )

Y en que purificando su mezquita
del falso rito y prácticas inmundas,
del Gólgota a la enseña triunfadora
maldita se humilló la media luna.

De la insigne ciudad voto solemne
aquel festejo popular, que aún dura,
fundó de gratitud en homenaje,
sin que dejara de cumplirlo nunca.

Y desde la conquista memoranda
tendido habían al paso dos centurias,
hasta el suceso grande y misterioso,
que hoy quiere recordar mi humilde pluma.

(Vuelve a hablar que habían pasado dos centurias desde la conquista de Badajoz ¿?)

***

Del alto campanario el gran rimbombe
de gozo la ciudad mísera inunda,
que bien ha menester de regocijos
después de un año de dolor y angustias.

De un año de ansiedad y de miseria
en que la tuvo la enconada pugna
de dos linajes nobles y ambiciosos,
de Badajoz azote y amargura:

«Portugaleses», lusitana estirpe,
y «Bejaranos», extremeña alcurnia:
rivales poderosos, que el dominio
de la infeliz ciudad fieros disputan,

y que poner en paz don Sancho «el Bravo»
logró hace poco con prudencia suma,
gozando el pueblo, aunque por breves horas,
de tal monarca la presencia augusta.

¡Quiera el cielo que dure aquella calma,
y que no quede en la ceniza oculta
pequeña chispa, que, tomando cuerpo,
los pasados incendios reproduzca!

***

Por las calles y plazas la nobleza
mézclase afable a la plebeya turba,
y unidos los hidalgos y pecheros
la velada alegrar todos procuran.

Del alguacil o arquero nadie teme
en tal noche insolencia inoportuna,
ni que el toque obligado de la queda
venga a dar fin a la función nocturna.

Con matizadas telas los balcones
y luminarias a la noche insultan,
y suenan por doquiera tamboriles,
rabeles, pitos, flautas y bandurrias.

Mas el centro común de aquella fiesta,
donde la gente principal se agrupa,
es de la catedral la extensa plaza,
que adornan arcos de ramaje y murta.

Arde en su centro rutilante hoguera,
y sobre su pirámide, que ondula,
de fácil llama, saltan los muchachos
con tal audacia, que mirarlo asusta.

Aquel rojo esplendor la plaza llena,
refleja del gran templo en las columnas,
en las lejanas torres, en las casas,
en los humanos rostros que circulan

y si con viva luz perfila y corta
cuanto alcanza en redor, sombras oscuras
causa también, tan vagas, tan movibles,
que con formas fantásticas lo abulta.

Allá en los soportales se establecen
puestos mezquinos de confites, frutas,
licor, torrados, nueces, chucherías,
y a un tiempo gritos mil su venta anuncian.

El aceite en que hierven los buñuelos
infecta el aire más que lo perfuma,
los populares cánticos lo aturden,
con voces discordantes y confusas.

***

Avanza ya la noche, a paso lento
entre celajes al cenit la luna,
pero aún no es el concurso numeroso,
ni aún reinan confusión y barahunda,

pues va a salir enmaromado un toro,
y la gente juiciosa, y la machucha,
y las damas, no quieren un tropiezo
con quien no acata canas ni hermosura.

Sólo la gente joven y los guapos,
con algazara por las calles cruzan,
mientras que los balcones y las rejas
las mujeres, solícitas, ocupan.

***

Que el feroz animal ya sale avisan
gritos, carreras, luminarias, bulla,
y muchos, que en las calles y las plazas
de valientes la echaban, se atribulan.

Y algún portal, o pilarón, o verja
para esconderse demudados buscan:
que es una cosa el esperar al toro,
y otra quedarse cuando asoma y bufa.

Con una luenga soga, en que se ensartan
chulos, pillos, borrachos y granujas,
y al animal por el testuz sujeta
para impedirle que se ponga en fuga,

un guadianeño buey enorme, blanco,
de inmensa y reforzada cornadura,
corre, atropella, embiste, retrocede,
retemblando la tierra a sus pezuñas.

Unos, huyendo, súbense a las rejas,
mas las damas de adentro, si son chuscas,
para obligarlos a volver al riesgo,
los vejan, los pellizcan, los empujan.

Otros al paso al fiero buey recortan
con garbo y gentileza, y con que alguna
flor o cinta se ganan, como en premio
de su serenidad, arte y bravura.

También hay quien con gracia y gentileza,
manejando la capa a la andaluza,
y consiguiendo estrepitoso aplauso,
al feroz animal engaña y burla.

Pero tal vez algunos por el aire
vuelan a impulso de las corvas puntas,
o por tierra revuélcanse, las ropas
y las carnes también rotas y sucias.

***

Tal sucedió al alcalde. ¡Desdichado!
Con vara, con linterna y con la chusma
de alguaciles detrás, la ronda hacía,
lejos del toro, y lejos de trifulcas,

cuando el vil animal volvió de pronto,
de un rehilete huyendo que le punza,
atropelló de pillos la gran sarta
que dejan la maroma por la fuga,

y tomando una oscura callejuela,
tal vez del campo y de reposo en busca,
tropezó con la ronda de improviso,
y fue justo que hiciera de las suyas.

Llevó buen revolcón el pobre alcalde,
y alta grita además, que la gentuza,
¡villana propensión!, aplaude siempre
que al que manda le espetan una tunda.

Afortunadamente no fue cosa,
y salió sin lesión de tanta angustia,
con varios desgarrones en la capa
y maldiciendo tan pesadas burlas.

Este incidente, y que la medianoche
ya la campana de la Vela anuncia,
volver al toro hicieron a su establo,
dando al demonio la ovación nocturna.

***

Entonces, sí, que calles y que plazas
honradas fueron por la gente culta,
y por damas gallardas y galanes,
con ricas vestes y pintadas plumas.

Empezó la función a ser más noble,
sí no tan bulliciosa, y las bandurrias,
vihuelas, menestriles y panderos
sones de danza armónicos modulan.

Doncellas de alto fuste entonces salen,
y del contento general disfrutan,
luciendo ricas y elegantes galas,
que su beldad y su linaje ilustran.

Mas entre todas ellas descollando,
como erguido ciprés entre las murtas,
como azucena en medio de las flores,
como entre las estrellas la alma luna,

y la atención universal llamando,
y calle abriendo respetosa turba,
doña Leonor de Bejarano llega,
preconizada Sol de Extremadura.

Son sus ojos luceros rutilantes
que a los del cielo con su lumbre ofuscan,
ébano son las trenzas y los rizos
que por su cuello de marfil ondulan,

soberana su altiva gentileza,
y su rostro el compendio en que se juntan
gracia, beldad, modestia, altanería,
alto talento y discreción profunda.

Tendió con inquietud la vista en torno,
como quien algo que le importa busca,
y en un sillón que colocara un paje
sobre una alfombra de labor moruna

sentóse, de sus dueñas circundada,
con modestia y con noble compostura.
El concurso la admira y la contempla,
y damas y galanes la saludan.

Y los «Portugaleses» en su obsequio
más asiduos mostrándose que nunca,
cercáronla, corteses, elogiando
sus gracias, joyas, talle y hermosura.

Sus extremos y el ver que en el concurso
las señoras no están de aquella alcurnia,
y que a doña Leonor le dejan sola
ser reina del festejo, inspira alguna

sospecha en los astutos y medrosos
de que la enemistad aun arda oculta
de ambos linajes y que aun pueda un día
la paz romper que Badajoz disfruta.

- II -
El embozado. -La dama. -El rapto

En un rincón de la plaza,
detrás de unos pilarones,
que cortaban de la hoguera
el paso a los resplandores,

un siniestro grupo forman,
bañado en sombra, tres hombres,
envueltos en capas negras
que ocultan luengos estoques;

con el embozo el semblante
hasta las cejas esconden,
y calados los birretes,
en silencio están inmobles.

El uno de cuando en cuando
con gran recato se pone
a observar cuanto en la plaza
acontece aquella noche.

Y cuando su rostro asoma
y a la roja luz lo expone,
bríllanle en dos ojos negros
dos relámpagos atroces.

Al ver llegar tan gallarda
a doña Leonor, quedóse
como encantado un momento,
y en temblor convulso rompe.

Retírase, y en voz baja,
pero en la cual se conoce
gran turbación, de este modo
dice a los dos que le oyen:

«Ya está en la plaza... ¡Oh cuán bella!...
Sus ojos como dos soles
ha girado en busca mía...
Me lo dice el alma a voces,»

Uno de los dos, del brazo
lo sacude y le interrompe,
con acento que parece
satánico acento: «Joven,

»si ella te ama y tú lo sabes,
y te la niegan feroces
el padre y hermanos, sólo
por los antiguos rencores,

»con tu espada y con tu esfuerzo
tu amor ardiente se logre.
Y queden los 'Bejaranos'
hundidos de un solo golpe.»

Tiembla el mancebo un instante,
que la importancia conoce
del consejo, y decidido
de esta manera responde:

«Si ese desdeñado novio
que su familia le impone,
porque es del rey favorito,
baila con ella esta noche.

»será, os juro por mi sangre,
rayo abrasador mi estoque,
y de los 'Portugaleses'
restablecido el renombre.»

El otro, que hondo silencio
guardó tenaz hasta entonces,
y que de los tres mostraba
ser el más viejo en su porte,

«Hablas -le dijo- cual debe
hablar en tu caso un noble.
Bailará, sí, no lo dudes;
haz lo que te cumple entonces.

»Pues preparado está todo
con tal secreto y tal orden,
que doña Leonor tu esposa
será, aunque lo impida el orbe.»

Tornan a hundirse en silencio
los tres, y a quedarse inmobles.
Y atento la plaza observa
con grande ansiedad el joven.

***

Aquel grosero bullicio
y atronadora alegría,
que en las fiestas populares
nos aturde y nos fastidia;

y la confusión de gentes
incultas y poco limpias,
que nos sofoca y estrecha
y la diversión nos quita,

ya de la alegre velada
desaparecido habían,
para aparecer de nuevo
al celebrarse la misa.

Y aquel tropel de borrachos
y chicos y de chicas,
que disgustos causan sólo
y desazones y riñas,

también rendido o disperso
en hondo sueño yacía
dejando la extensa plaza
más desahogada y tranquila.

No incomodaba la hoguera,
ya leve llama y ceniza,
y sólo de los balcones
las luminarias ardían,

cuyo fulgor, combinado
con el que, argentada y limpia,
en cenit daba la luna
entre blancas nubecillas,

formaba una luz tan grata,
ya plateada, ya rojiza,
y una claridad tan dulce,
tan templada, tan benigna,

que de mágica apariencia
la extensa plaza vestía,
dando más realce a la gala,
y más encanto a las lindas.

Los sonoros instrumentos
armonizaban las brisas,
y el baile duraba alegre
entre las personas finas.

¡Qué matizados ropajes,
cuántas pluma, cuánta cinta
la plaza, como las flores
el vergel risueño, pintan!

¡En cuántas lucientes joyas,
de las estrellas envidia,
las antorchas y la luna
relampaguean y brillan!

¡Cuántos ojos hechiceros
abrasan a los que miran
con los ardientes vislumbres
de sus aleves pupilas!

¡Cuánto delicado talle,
que al laurel gallardo imita
cuando el céfiro halagüeño
en el jardín lo acaricia,

arrebata corazones,
y voluntades cautiva!
¡Qué atmósfera deliciosa
en Badajoz se respira!

***

Ninguna dama desdeña,
por encumbrada y altiva,
tomar ya parte en la danza,
mostrando su gallardía,

con los nobles caballeros
que obsequiosos las convidan,
para que luzcan su garbo
y ostenten sus galas ricas.

Y a respetuosa distancia,
si aún quedan, pobres familias
cariñosas las aplauden,
envidiosas las admiran.

Doña Leonor solamente
aún no ha dejado su silla,
y algo tiene su semblante
que inquietud interna indica;

por más que afable en sus labios
brille apacible sonrisa,
que a los saludos y obsequios
corresponde agradecida,

y que ni un punto deponga
la reserva noble y digna
que corresponde al orgullo
de su encumbrada familia.

***

Ya en Oriente albo destello
y una nube purpurina
anunciaban que la aurora
del mar Tirreno salía

cuando el padre y los hermanos
de doña Leonor divina,
acompañando a un mancebo
de cortesana hidalguía,

y del más vistoso traje,
y de figura expresiva,
se acercaron gravemente
a la hermana y a la hija,

y pídenle cariñosos,
mas con voz imperativa,
que con aquel caballero,
que para suyo destinan,

salga a animar con su garbo,
su beldad y bizarría
el fin de la alegre danza,
pues que ya la noche expira.

Ella, aunque el alma le parte
y el pecho le martiriza
tal mandato, disimula
discreta, sagaz y lista.

Y, aunque alguna excusa intentan
balbucir, la llama altiva
que en los ojos de su padre,
anunciando enojo, brilla,

le aterra, y cubriendo astuta
el disgusto que la agita,
en pie se pone gallarda
entre universales vivas.

***

Apenas en pie se puso,
al lado del caballero,
doña Leonor Bejarano
con noble y turbado aspecto,

y en torno un circo formaba
el regocijado pueblo,
para darles el tributo
de aplausos y acatamientos,

en el rincón de la plaza
donde estaban en silencio
los tres hombres embozados
tronó alarido tremendo.

Y los tres hombres las capas
arrojando a un mismo tiempo,
y mostrándose vestidos
de coseletes de hierro,

con la presteza del rayo,
confusión sembrando y miedo,
en la mano los estoques
vuelan de la plaza al centro.

El desorden, la sorpresa
turban el concurso inmenso;
huyen niños y mujeres
con pavorosos lamentos.

Unos a otros se atropellan,
sin saber dónde está el riesgo.
Los hombres se arremolinan,
ignorando qué es aquello.

Se oyen gritos espantosos,
desnúdanse mil aceros,
puertas ciérranse y balcones
con presteza y con estruendo.

Doña Leonor se desmaya
en brazos del caballero;
cuando los tres agresores
llegan, y el más joven de ellos

al dichoso le traspasa
de horrenda estocada el pecho.
Y mientras de ardiente sangre
inunda la tierra el muerto,

los otros dos, animosos,
asen con feroz denuedo
a la exánime doncella
y arrebátanla violentos.

A darle tardo socorro
llegan su padre y sus deudos,
y pasmados reconocen
el osado mancebo

de la estirpe «Bejarana»
al enemigo más fiero,
y de los «Portugaleses»
al más gallardo y soberbio.

Arrójanse a la venganza...
Mas ¿qué pueden sus esfuerzos,
desarmados, sorprendidos
y con sayos de festejo,

si los del contrario bando,
traidores, llevan cubiertos
con las galas los arneses,
para combate dispuestos?

«¡Traición! ¡Traición y venganza!»,
gritan furiosos aquéllos.
«¡Muerte! ¡Sangre y exterminio!»,
con altivas voces éstos...

Del gran rey don Sancho «el Bravo»
rotos quedan los conciertos,
y de la civil discordia
reanimados los incendios.

- III -
La batalla. -La misa

¡Infeliz Badajoz!... ¡Oh sol, detente!
Niega hoy tu luz al turbio Guadïana,
y en nubes de oro y grana
quédate reclinado en el Oriente.

No vengan a alumbrar tus resplandores,
de sangre y muerte y exterminio llenas,
sus márgenes amenas:
cubra noche eternal tantos horrores.

Mas, ¡ah!, no llega a ti mi voz, y tiendes,
inmutable siguiendo tu carrera,
el paso por la esfera,
y sobre Badajoz tu lumbre extiendes.

Mírala arder en espantable guerra,
de la discordia al hórrido alarido,
y otra vez encendido
el fuego del infierno en esta tierra.

Mira de los incendios el espanto,
y cómo el humo en sofocante nube
hasta tu trono sube
a ennegrecer tu rutilante manto.

Mira arroyos de sangre en el Guadiana
perderse enrojeciendo sus cristales.
Mira las infernales
furias triunfando de la raza humana.

¡Maldición! Maldición a los primeros
que rompieron la paz tan santo día,
y que en batalla impía
desnudaron los bárbaros aceros!

***

Si inermes los altivos «Bejaranos»,
por la traidora saña sorprendidos,
pudieron ser vencidos,
ya empuñan hierro sus feroces manos.

Y arden en ira y en atroz venganza,
y vestidos los bélicos arneses,
de los «Portugaleses»
cébanse sin piedad en la matanza.

Y los «Portugaleses», defendiendo
la presa que les dio su alevosía,
sacian la saña impía
lago de sangre a Badajoz haciendo.

Cunde voraz la formidable llama,
las casas y palacios devorando
del uno y otro bando,
y por altas techumbres se derrama.

Calles y casas, plazas y jardines
campo son horroroso de pelea,
y la muerte pasea
de la ciudad los últimos confines.

Blasfemias, gritos, voces y lamentos,
y el crujir de las armas atronante,
y polvo sofocante
llenan y enciende los delgados vientos.

No es entre hombres la lucha, es entre fieras,
o más bien entre monstruos del infierno...
¿Y nadie, ¡oh Dios eterno!,
teme el rayo, terror de las esferas?

¿Nadie recuerda, ¡oh ceguedad impía!,
el santo aniversario en que rendido
un pueblo agradecido
debe ante ti postrarse en este día?...

Alguien lo recordó... Sobrepujando
una campana del combate horrendo
el tormentoso estruendo,
al templo está los fieles convocando...

Mas, ¡ay!, que no la escuchan los feroces,
y aquella voz del Cielo se ahoga y hunde,
y el rumor la confunde
de ardientes armas y tremendas voces.

Y si el enfermo, el niño y el anciano
y la doncella tímidos la escuchan,
el terror con que luchan
torna su afán de obedecerla vano.

Nadie, ¡oh sacro metal!, obedecerte
puede, aunque quiera, en tan infausto día.
¿Quién cruzar osaría
calles do reinan exterminio y muerte?

***

Uno solo, obediente a aquel mandato
y de alta obligación al santo grito,
se alza, sale, las calles atraviesa,
desprecia los peligros:

el santo sacerdote, que aquel día
celebrar de la Iglesia los oficios
debe en la catedral; su santo celo
le da santo heroísmo.

Armas, furias, estragos atraviesa
incólume, y del Cielo protegido
del sacro templo la cerrada puerta
ábrese y le da asilo.

En la desierta catedral, en donde
ni aun ornan el altar lucientes cirios,
y cuya soledad lo asombra y pasma,
entra despavorido.

Sólo halla a un joven sacristán temblando,
más que, por el combate y exterminio,
cuyo rumor duplícase en las bóvedas
del lóbrego edificio,

porque nadie ha tocado la campana,
que dio a los fieles el sonoro aviso,
sonando por sí sola o compelida
por impulso divino.

Al saberlo, pasmado el sacerdote
advierte lo que manda aquel prodigio,
siente algo en su interior que lo engrandece
le da extraño brío.

Y, aunque desiertos mire iglesia y coro
y presbiterio, y en aquel recinto
no más viviente que el cuitado joven
trémulo y semivivo:

«No quede -exclama- en tan infausto día
sin culto el templo del Señor bendito,
y, pues tú y yo bastamos, celebremos
el santo sacrificio.

»Que, aunque desnudo de aparato y pompa,
subirá al trono del Señor lo mismo.
Logre hoy del Sacramento la presencia
este olvidado sitio.»

Se anima el sacristán (a ambos fuerza
impulso superior), corre al proviso
y prepara el altar, al altar sube
el preste revestido.

La misa empieza con fervor devoto,
en la tierra y altar los ojos fijos.
Antes de leer la epístola se vuelve,
siguiendo el sacro rito,

a decir: «El Señor sea con vosotros»,
y no encuentra, ¡oh pavor!, a quién decirlo,
que están desiertas naves y capillas
y su ámbito vacío.

Anonádase, tiembla, se confunde,
y oyendo resonar lejanos gritos
y el rumor del combate que arde fuera,
en el santo recinto

trémulo torna, y a la imagen santa
de nuestro Redentor, hondos gemidos
lanzando que del alma le salían,
entre lágrimas dijo:

«Señor, Señor, piedad... ¿Cómo consientes
que así te ofendan tus feroces hijos;
y que cuando debieran prosternados
adorarte sumisos,

»recordando el favor con que libraste
esta infeliz ciudad de los impíos,
se estén cual torvas fieras devorando,
ofendiéndote inicuos?

»¿Cómo, Señor, permites que tu templo
en tal festividad quede vacío,
y que tu cuerpo y sangre nadie adore,
más que tu siervo indigno?»

La epístola leyó, y «el Señor sea
con vosotros» tornó a decir, y frío
quedó cual mármol, de concurso inmenso
el templo viendo henchido.

Más ¡qué concurso! ¡Oh Dios! ¡Concurso helado,
que ni alienta, ni muévese, ni brillo
muestra en los ojos!... Turba de esqueletos...
vivientes de otro siglo.

¡Esqueletos! Envueltos en sudarios
los más; algunos con ropajes ricos
deslustrados y rotos; muchos visten
sayal de San Francisco;

varios, armas mohosas y abolladas;
algunos, los más altos distintivos;
y hay de todas edades, sexos, temples,
sin orden confundidos.

Abiertas de la iglesia en suelo y muros
estaban de sepulcros y lucillos
las losas, el silencio era espantoso
y el ambiente más frío.

Sí. Los conquistadores denodados,
que a Badajoz ganaron para Cristo,
salieron con los suyos de las tumbas
a adorar a Dios vivo;

y a celebrar el santo aniversario,
asistiendo del culto a los oficios,
ya que sus descendientes infernales
los tienen en olvido.

Tiembla el joven sirviente. El sacerdote
aterrado prosigue el sacrificio.
Consagra, alza, consume, vuelve luego
y halla el concurso mismo.

«Marchad; la misa concluyó», pronuncia,
y al punto desparece aquel gentío.
Tórnase en nada, y ciérranse las losas
de tumbas y lucillos.

No tenían que esperar los bienhadados
la bendición humana; ya benditos
estaban del Señor. Fuera del templo
prosigue el exterminio.

No pudo más el santo sacerdote,
una misión terrible había cumplido.
Fue a recoger de su fervor el premio,
y muerto a tierra vino.

Madrid, mayo de 1854.
FIN

Enhorabuena a los que habéis conseguido acompañarme hasta aquí, aunque os hayáis saltado algunos párrafos...

Queda pendiente hablar de la fecha de la entrada de los cristianos en Badajoz.

Un saludo

11 comentarios:

fdelaiglesia dijo...

Mañana lunes día 12 de Noviembre en la Económica tendrá lugar a las 20:15 la conferencia “La Iglesia de San Agustín: antigua Mezquita Mayor de Badajoz”, a cargo de D. Fernando Valdés Fernández

Por primera vez, se presenta este trabajo a la ciudad. Hecho el año pasado en la Universidad de Bonn, en colaboración con el Departamento de Historische Bauforschung de la Facultad de Arquitectura, de la Universidad Técnica de Berlín.

julíán dijo...

Nos vemos esta noche.

Moisés Domínguez Núñez(Moy) dijo...

Buenos Tardes Fernando :

¿ Reciviste la invitacion?

Con motivo del 50 aniversario de la muerte del pacense e ilustre Sr. Arturo Barea la Diputación Provincial de Badajoz va a realizar una serie de actos conmemorativos .

En lo que me atañe, he de expresar que el viernes 16 de Noviembre , los autores que fuimos premiados en las ediciones anteriores del certamen 'Arturo Barea' participaremos en una “mesa redonda” (Torres Nebrera, Gregorio; Ibarra Barroso, Cayetano; Lamas, José Mª y Moisés Domínguez Núñez ) que tendrá lugar en el salón de plenos a partir de las 18.00 horas. Acto seguido se presentará el libro ganador de la VI Edición Premio Arturo Barea “ Tiempo Perdido , Guerra Civil en Almendral 1936-1939” Creo que sobre las 19.30 horas y se fallará la VII Edición.

El día siguiente 17 de Noviembre , se presentara a las 19.30 el libro en Almendral (Badajoz).

Quien quiera ampliar información puede verlo en :

http://www.extremaduraaldia.com/badajoz/diputacion-de-badajoz-acoge-una-exposicion-sobre-el-exilio-pacense-dentro-de-las-jornadas-en-honor-de-arturo-barea/47041.html

Saludos cordiales y el que quiera asistir a los actos queda invitado

Allí nos veremos.....

Manuel Cienfuegos Ruiz-Morote dijo...

Sr. Dominguez: es mi intención asistir, aunque sea a última hora, al acto para conocerle y compartir un rato con los amigos.
Allí estré para acompañar a mi amigo Pilo, si es que acude.

fdelaiglesia dijo...

Allí estaremos Moy.

Jesús insertó estos comentarios en la entrada de la Puerta de la Traición (Junio) relativos al Hisn al-Ars y si eran las ruinas de la fortaleza de Lares (conocido como de los Templarios) y la confusión que hay con el castillo de Puebla de Alcocer:


Jesus dijo...

En primer lugar, gracias por responder y perdon por la tardanza en contestarte.
Dicho esto te hago una apreciación a tu comentario:

me aventuraré a decir que los restos de los que me han comentado en el mismo cerro del castillo de puebla de Alcocer, pero en el otro extremo, podrían ser islámicos. Desde allí se divisa un cerro en dirección a castilla la mancha, en cuyo alto se ven un depósito de sedimentos no natural, es el cerro conocido por albergar el llamado "castillo de los templarios"

Pues bien, para la gente que no es de la zona o no la conoce en exceso, hay una tendencia a confundir el castillo de Puebla de Alcocer:

http://encina.cnice.mecd.es/~tchc0000/puebladealcocer/castillo.html

Con la fortaleza de Lares, que por aquí se la conoce como el castillo de los templarios:

http://encina.cnice.mecd.es/~tchc0000/puebladealcocer/lares.html

También aqui te lo explica la utilización del castillo de Puebla por los templarios:

http://www.lacasadelostemplarios.com/temple.html

Resumiendo, en la sierra del castillo de Puebla de Alcocer solo se encuentra este castillo y en la otra sierra cercana, la sierra de Lares se encuentrra la fortaleza de Lares, el problema esque Esparragosa de Lares se encuentra en la sierra del castillo de Puebla pero al lado opuesto, de ahí la confusión.
Espero haberme explicado y no liar mas el asunto, si te interesa en la mira en el google maps o el sigpag.
A modo de curiosidad Ibn Marwan utilizó el castillo de Puebla para refugiarse de sus correrías.
Si visitas a la zona seguro que te va a gustar.

SALUD.

2 de noviembre de 2007 20:31
jesus dijo...

Por cierto, el domingo pasado visité la Alcazaba de Badajoz, la mas grande de España segun rezaba en el panel explicativo. Me sorprendió la escasa afluencia al museo arqueológico provincial, (solo ví otro visitante, fuera si había gente por una concentración de coches de época) solamente por contemplar la cantidad de estelas merece la pena la visita.
No sabemos apreciar lo que tenemos.

Saludos y salud.

3 de noviembre de 2007 11:52

Moisés Domínguez Núñez dijo...

A/Atc.- Fernando y Manuel Cienfuegos, Alli os espero ,ya hablaremos aunque sea un "ratino" .Y Pilo ,Pilo no puede faltar ,hombre si es el alma mater de la Historografia sobre la Guerra Civil de la Ciudad .Es imprescindible .Salvo por fuerza mayor Pilo debe y tiene que estar alli.

Hasta el Viernes, aun me tengo que merendar "780 Kilometros de carretera ".

Saludos .

Pilo dijo...

Fernando, leyendo lo que has escrito, además de quedarme asombrado, quisiera hacer una pregunta, ya que por más vueltas que le doy al asunto, no acabo de aclararme:

En las crónicas que has expuesto, se dice que los bejaranos se refugiaron en la Villa de Suso, que "era muy fuerte", pero cuando llegaron las tropas de Sancho IV, los bejaranos se hicieron fuerte "en la Muela de encima del Castillo".

Si partimos de la base de que el lugar donde se alza "el Castillo" o Alcazaba de Badajoz es conocido como "La Muela", entendiéndose por tal todo el perímetro de la misma, mis pocas luces me llavan a pensar que el cronista habla de DOS MURALLAS DIFERENTES: Una la que protegía la Villa de Suso "que era muy fuerte" y la otra muralla, la Alcazaba propiamente dicha.

Sabes que en muchas ocasiones hemos hablado diferentes personas sobre las dimensiones que tenía Badajoz en época árabe y, lógicamente, no sacamos ninguna conclusión por falta de datos e incluso de restos arquólógicos.
Yo soy partidario de que la medina árabe, en un momento dado, llegó hasta casi la actual muralla abaluartada y estaba protegida por "la cerca vieja" que describe Dosma. Ahora bien, antes de líarme más, la pregunta es: En el caso de que la "cerca vieja" no fuera árabe y la ciudad no estuviera protegida por ninguna defensa ¿podría ser posible que "la Villa Suso" no fuera el Castillo o Alcazaba sino la zona comprendida en la parte más alta de la ciudad?
Para hacer esta pregunta me baso en el plano de 1645. Si lo miramos detenidamente vemos que propiamente parece que las calles Concepción, pasando por las cuatro esquina (final de calle San Juan) y bajando por la actual calle Luis de Morales, estan trazadas sobre una antigua muralla, (dejando en su interior lo que fue el barrio de San Salvador y las calles Jarilla, Costanilla, Brocense, Moreno Zancudo, etc, etc.)que empalmando con la muralla que salía de antigua puerta de Mérida, más o menos donde ahora está el semibaluarte de San Antonio, finalizaba en lo que hoy conocemos como ermita de Pajaritos.
En resumen, ¿podría ser posible que cuando Alfonso IX tomó Badajoz en 1230 se encontró con dos murallas, una que cercaba él barrio alto o "Villa de Suso" y en su interior estaba la Alcazaba?

fdelaiglesia dijo...

Este dilema de "se alzaron en la villa de Suso" y "y los que estaban en la villa se alzaron en la Muela de encima del Castillo" lo estuve pensando largamente.

Estuve dudando con dos posibilidades, pero obsté por la más conservadora, es decir por asociar "Villa de Suso" con la villa interior de la Alcazaba (ciudadela del castillo)

Lo que sí tengo claro es que con el adverbio "Suso" se refiere a "arriba", es decir, villa de arriba.

Por lo tanto había dos villas diferenciadas, la de arriba y la de abajo (Yuso) como ya lo ha expresado Julián en su blog.

La hipótesis de que los límites amurallados de la villa de Suso estuvieran fuera de la Alcazaba me atrae enormemente por la novedad que supondría. Entonces habría tres zonas diferenciadas en la ciudad en esta época.

Ya hemos hablado de esta posibilidad fuera del blog.

Vamos a lanzar alguna hipótesis, aunque en principio parezca rocambolesca y de paso incluyamos la hipótesis de Fernando Valdés sobre que la iglesia de San Agustín pudiera haber sido la mezquita mayor del siglo IX, y animamos un poco el blog.

Si la mezquita mayor en el siglo IX estuvo en la actual iglesia de San Agustín, el perímetro exterior de la ciudad sería sorprendentemente grande. Demasiado grande para tan poca posible población.

Pero alrededor de la Alcazaba podría haber un perímetro de seguridad a modo de gran barbacana a igual distancia que el espacio que podemos ver en el plano de 1645 entre el lado Este de la Alcazaba y el río Rivillas.

La medina empezaría a construirse alrededor de esta muralla defensiva por el Oeste y el Sur a modo que habría una segunda muralla más exterior que defendería en primera instancia la medina. En esta franja quedaría la mezquita mayor situada en la iglesia de San Agustín.

La villa de Suso se formaría con las nuevas construcciones a la entrada de los cristianos, que se edificarían en ese perímetro de seguridad que había alrededor de la Alcazaba, es decir que la villa de Suso o de arriba sería más moderna (como si creciese la ciudad hacia el interior) que la villa de abajo o de Yuso que sería la de origen musulmán.

¿qué os parece?

Paco Guzmán dijo...

Bien, me alegra que por fín vais teniendo en cuenta lo que llevo meses diciendo en nuestras charlas postconferenciales.

La parte que parece más antigua de Badajoz, esa que identifican con una irrisoria medina, se puede deber a que la ocupan los cristianos sobre terreno baldío, ya expliqué más detenidamente mi opinión en otra entrada en este blog. Con los cristianos la ciudad no crece,se contráe en sí misma y sufre un descenso demográfico fruto de los movimientos poblacionales para asegurar las fronteras.

El urbanismo más caótico, más medieval de la parte alta no se debe a que sea más antiguo, sino más moderno. No olvidemos que la población pacense NUNCA fue árabe y por consiguiente, como ya se ha demostrado, el urbanismo que desplegaban era tributario del urbanismo del mundo antiguo.

Lo repito por enésima vez, tendemos a contemporaneizar Badajoz. Me gustaría que alguien me digese porqué Badajoz no pudo ser grande, por qué han de ser cuatro manzanas, yo no conozco ninguna ciudad (no hisn) en el que la relación alcazaba-medina sea tan cercana a la unidad.

En cuanto a la hipótesis de Fernando Valdés:

1.- Mezquita es. Lo ha demostrado el estudio de paramentos, y del siglo IX. De cuando el emir le manda a los marwaníes albañiles. Esto no se puede dudar.

2.-Los que dudan que sea al-jama argumenta, y corrijanme si me equivoco, que no puede serlo porque está muy lejos. No lo entiendo. ¿Lejos de qué? Yo opino todo lo contrario, está muy cerca, cerca del baldío, cerca de un posible recinto amurallado, cerca de la alcazaba, cerca de todo. Pero no me desagrada como aljama.

No sé cómo lo hacemos que siempre, sea el tema que sea, acabamos hablando de lo mismo.

Un saludo.

julián dijo...

De nuevo polémica. De nuevo debate. Es una pena no debatir en la Casona.

Partamos de la premisa que la Crónica de Sancho IV realiza un relato riguroso de este suceso, es decir, se ajusta a la realidad de los hechos y además identifica correctamente la geografía urbana del Badajoz de finales del siglo XIII. En este supuesto, y sólo en este supuesto, podemos establecer la siguiente secuencia de hechos y lugares.

1.En 1289 los Bejaranos masacraron a los Portugaleses y "se apoderaron de toda la ciudad".
2.Temiendo las represalias de Sancho IV, los Bejaranos se refugían en "la villa de suso que es muy fuerte" y además tomaron partido por don Alfonso de la Cerda que era pretendiente al trono de Sancho IV.
3.Sancho IV ordena tomar la ciudad y ante esta noticia los Bejaranos "que estuan en la villa alçaronse en la muela de ençima del castillo".
4.Los Bejaranos, confiados en la promesas de perdón del Rey, rinden el castillo pero Sancho IV ordena su inmediata ejecución.

Si esta secuencia se ajusta a la realidad (y sólo si es así) parece que la villa de suso o villa de arriba y el castillo no ocupaban el mismo espacio, es decir, parece que la villa de suso debió ocupar la zona más alta de la ciudad (la más cercana a la Alcazaba) y debía contar con su propia muralla ya que se dice que la villa de suso era muy fuerte. Es decir, parece que en el Badajoz de 1289 podemos diferenciar las siguientes zonas:
1.La Alcazaba que se levantaba sobre el cerro de la Muela.
2.La ciudad dividida en dos zonas:
-La villa de suso o parte más alta y próxima a la Alcazaba que contó con su propia muralla.
-El resto de la ciudad situada en la zona más llana. Podríamos denominar a esta zona como villa de abajo. El perímetro de la villa de abajo estaba rodeado de una muralla exterior.

No obstante, y no siendo tan literales se podría entender también que villa de suso y castillo eran la misma fortificación. En efecto, cuando dice que ante la llegada de las tropas de Sancho IV los Bejaranos de la "villa" se refugiaron en el Castillo no deberíamos entender que se refería a la villa de suso sino a la todos los Bejaranos que estaban fuera de la Alcazaba.

Verdaderamente me parece que el texto se ajusta mejor con la primera lectura.

En segundo lugar, y suponiendo que la primera interpretación es la correcta, se nos plantearía otro dilema. En realidad el dilema de siempre. Me explico. Si suponemos que la ciudad estaba rodeada de una muralla exterior y dividida interiormente por una línea amurallada que delimitada la villa de suso ¿por donde discurría dicha muralla interior? ¿cual era su cronología?. Es decir, discurría por la línea Morales-Soto Mancera-Concepción o estaba más hacia el exterior (plaza de san Andrés-López Prudencio-inicio de la calle de San Juan, etc).Por último, el muro de la villa de suso era obra cristiana o bien era islámico y si es así ¿coincidía con la muralla marwaní o con la aftasí?.

Muchas dudas pero la duda es fundamental y la discusión saludable.

Sobre la mezquita comparto casi todo lo que dice Javier. Pero Fernando Valdés recalcó que el argumento básico para calificar de aljama a la mezquita de san Agustín son sus dimensiones. Y sobre las dimensiones tengo mis dudas. Quiero decir que los únicos restos islámicos de san Agustín se limitan al alminar y a la esquina S.E del haran o sala de oración. No se como habrá reconstruido el polígono que formaba el haran. Debo comenzar reconociendo que no tengo ni idea del asunto pero quizá si suponemos que la cabecera de San Agustín se adosó simétricamente a uno de los lados del haran podríamos determinar la longuitud de dicho lado. Fernando supone que este lado era el lado menor del haran. Y ese es el problema, es decir, que sucedería si era el lado mayor. En este caso tendríamos una mezquita más reducida con un eje mayor dirección N-S y no E-W como plantea Fernando.
Con este haran más reducido daríamos más espacio al patio que podría encajarse entre el alminar y el haran.
Lo que planteo puede ser una solemne barbaridad pues no si este supuesto lo tiene previsto Fernando y por eso es hablar por hablar.
Lo que si me parece razonable es suponer que el Badajoz marwaní no debió ser muy extenso pues en el 929-930, cuando abd-al Rahman III tomó Badajoz, la ciudad ya contaba con arrabales, es decir, parece que en unos 50 años se había desbordado el espacio que cercaba la muralla marwaní.

pilo dijo...

a ver, un inciso

¿de qué fecha dataría el barrio de San Salvador?