Cuaderno de bitácora de un viajero a lo pasado de la ciudad que le vio nacer. Pequeñas cápsulas del tiempo, pequeñas curiosidades que voy descubriendo en el papel de los libros y periódicos de aquellos que fueron testigos de otro tiempo, y que con estos artículos vuelven a la luz. Quedan invitados a acompañarme en este viaje.

domingo, 9 de junio de 2013

Alarde y revista general que Felipe II pasó a sus tropas en la dehesa de Cantillana en 1580. 2ª parte



Felipe II
Como dijimos en la 1ª parte, en la crisis sucesoria de Portugal de 1580, Felipe II (1556-1598) había llamado a sus mejores hombres de armas a Badajoz para hacer prevaler sus derechos dinásticos, y a primeros de junio ya se encontraba en Badajoz el grueso del ejército.

Estamos en la época de los famosos Tercios españoles. Los Tercios eran una unidad militar móvil del ejército español durante el reinado de los Austria. Su reputación se extendió por toda la vieja Europa: era la unidad más mortífera y expeditiva de los ejércitos regulares modernos y cubrieron la etapa más brillante de los anales militares españoles. La hegemonía de los tercios españoles se fraguó en el siglo XVI y se consolidó en el XVII. En esta época mezclaban picas y armas de fuego, pues sus compañías estaban compuestas por piqueros y arcabuceros.

En la dehesa de Cantillana se van a reunir un total de once tercios: cuatro de elite (uno alemán y tres italianos), que tendrán la responsabilidad de los combates, y siete tercios bisoños (reclutas o soldados sin experiencia), que estaban destinados a ocupar posiciones y guarnecer las plazas conquistadas:

Pedro González de Mendoza
Tercio de Nápoles (italianos súbditos de Aragón, dentro de la casa de Austria), comandados por Pedro González de Mendoza.

Tercio del Estado de Milán (súbditos de la casa de Austria), comandado por Pedro de Sottomayor. (Esta unidad pasó a ser conocida como Tercio de Lombardía del ejército de Italia).

Tercio de italianos (mercenarios de estados italianos no dependientes de la casa de Austria), comandado por Pedro de Médicis.

Tercio de alemanes tudescos (mercenarios católicos de origen germánico de estados no dependientes de la casa de Austria) comandados por Jerónimo Lodron.

Tercios de bisoños: Como fuerza auxiliar se reclutaron siete dentro de los dominios de Castilla y León, la mayoría castellanos, sin gran preparación militar. Estas tropas de segunda línea estaban comandadas por Gabriel Niño, Martín Argote, Luis Enríquez, Pedro de Ayala, Antonio Moreno, Diego de Córdova y Rodrigo Zapata.

Durante su estancia en Badajoz, el propio Felipe II hará el oficio de General de los ejércitos y todas las noches dará la contraseña a los centinelas; también mandó disponer diversos cuerpos de guardia por todo Badajoz y en el puente que separa un país de otro.

El 13 de junio de 1580 se va a realizar la revista del ejército reunido en el llano de Cantillana, a una legua de Badajoz. Se erigió para ello un tablado, vistosamente adornado.


El campamento de la dehesa de Cantillana estaba guardado por una parte por el río Gévora. Por la parte que mira a Portugal se fortificó con trincheras, además de haber un bosque, y el Norte se guardó también con trincheras. Se hizo un campamento para cada nación, con sus plazas de armas, de viandas y de mercados; y en el cuartel de la infantería Italiana es donde se puso el tablado.

A las siete de la mañana de este día llegó el Rey, con la Reina, el Príncipe, las Infantas y el Cardenal Alberto de Austria, hermano de la Reina y toda la Corte, ocupando cada uno su lugar.

El Duque de Alba se acercó a donde estaba el Rey acompañado del gran Prior Don Fernando su hijo, de don Pedro de Toledo, Sancho Dávila, Luis Dovara, Hernando de Toledo, y de otros muchos caballeros. Iba el Duque vestido de azul y blanco, sombrero con plumas, espada y daga de plata. Le mandó el Rey subir al tablado, en donde le pusieron una silla.

Sancho Dávila
El duque de Alba le explicó la disposición y colocación de las tropas; más tarde el Monarca, acompañado del Duque y de Sancho Dávila, bajó del tablado y recorrió e inspeccionó detenidamente a todas las unidades, la artillería, munición y material de toda clase, quedando muy satisfecho y felicitando al General.

A continuación, una vez vuelto Felipe II al tablado, las tropas, encabezadas por el maestre de campo del duque de Alba, Sancho Dávila y Daza (1523-1583), apodado el “rayo de la guerra”, que mandaba la línea, formaron en orden de batalla y realizaron magistralmente algunos ejercicios.

El espectáculo fue imponente: la variedad, riqueza y policromía de las armas, uniformes, estandartes, divisas y arneses que brillaban sobre el verde campo primaveral y, sobre todo, la admirable marcialidad, soltura, disciplina y aire de seguridad de aquellos “magníficos señores soldados” que sabían que iban a la victoria, producía un efecto emocionante.


Entraron en el campamento primero los hombres de armas, y caballos ligeros, procedentes de Ciudad Rodrigo, donde habían estado alojados para bajar después a Extremadura. Cada compañía era guiada por su Capitán, todos ricamamente aderezados con muy galanes sayetes, faldones, casacas, y penachos, en hermosos caballos. (Los sayetes eran una especie de cota o túnica para la guerra)

Siguieron a estos las siete banderas de Infantería Española, que vinieron de Sicilia, y Milán a cargo de Pedro Sotomayor.

Tras ellas, doscientos jinetes de la costa del reino de Granada y luego las cien lanzas de los continos, con su Capitán don Álvaro de Luna, con sayetes de terciopelo morado, y franjas de oro y seda.

Venía después el tercio de Luis Enríquez de infantería Castellana, y detrás once banderas de infantería Española del Reino de Nápoles, que traía cargo Pedro González de Mendoza, Prior de Ibernia, de la orden de San Juan, y luego los tercios de Antonio Moreno, y Gabriel Niño y Pedro de Ayala, que también se levantaron en Castilla.

El encargado de organizar el campamento fue el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, que señalaba las estancias y cuarteles a cada uno. (Diseñó y construyó algunos baluartes y fuertes militares en Europa para la Corona Española durante la segunda mitad del siglo XVI).


Llegó también Francés de Álava, Capitán general de la artillería, con tres tenientes suyos, y el capitán Jacobo Palearo (apodado el Fratin), ingeniero militar, seis gentiles hombres, un Preboste y un Aposentador, los ingenieros de fuegos artificiales, artilleros, y todos los oficiales necesarios para el servicio de la artillería, con sus cabos y maestros. Traía don Francés seis cañones gruesos, cuatro medias culebrinas y cuatro medios cañones todos encabalgados, con otros aparejos y encabalgamientos de respeto, dieciséis falconetes todos encabalgados, veintisiete esmeriles también encabalgados, y tres mil pelotas para los seis cañones, con la demás peletería necesaria para las otras piezas, con las municiones convenientes e ingenios necesarios, herramienta para los gastadores y provisiones para toda la artillería.

Eran los gastadores mil quinientos con sus armas en sus compañías, con sus Capitanes y banderas. Traía además Francés de Álava 50 barcas en carros para hacer puentes. Iban también con los mayordomos de la artillería, tenedores de bastimentos, comisarios y otros oficiales, cada uno en su lugar: y los carros y bagajes iban repartidos en escuadras con banderillas para ser conocidos y sus cabos que los guiaban: la demás artillería y municiones para ella, que era otra tanta, iba embarcada en la armada. Y para proteger la artillería venían cuatro banderas de infantería Alemana. Y toda la gente entró haciendo salves con la arcabucería.

Una vez terminado el alarde y revista, se volvió el Rey a Badajoz, quedándose el Duque en el Ejército.

Otro día pasaron por Badajoz el regimiento de Alemanes, cuyo coronel era el Conde Jerónimo de Lodron, estando el Rey mirándolos desde una ventana de su palacio. También paso Pedro de Médicis capitán general de la infantería Italiana delante de ella, con sus tres coronelías; cuyos coroneles eran Próspero Colona, que levantó sus gentes en tierras de Francisco de Médicis gran Duque de Toscana, Carlo Espinelo, y Vicente Garrafa Prior de Ungria, que la hicieron en Nápoles, desde donde se fueron al alojamiento de Cantillana.

El 27 de Junio, después de haberse reunido todas las fuerzas de tropa y entregado Elvas, Villaviciosa etc…, el campamento se puso en marcha, y en pleno orden de batalla desfiló delante del Rey, que estuvo esperando en una elevación, haciéndosele salvas de gruesos cañones, acompañadas de las de los cazadores y mosqueteros, y luego a dos millas, en las proximidades del río Caya, se planteó el campamento.

Al frente el Duque de Alba con su Estado Mayor; su hijo Fernando de Toledo, Maestre de la caballería; Sancho Dávila; Francés de Álava, Maestre de la artillería;

A continuación la vanguardia de infantería, con los destacamentos de los Tercios viejos españoles de Nápoles y Lombardía, mandados por los Maestres de Campo Mendoza y Sotomayor.

A la derecha; los tres regimientos italianos de los Coroneles Espinelo, Garafa y Colona, mandados todos por su Capitán General Pedro de Médicis.

A la izquierda, las dieciséis banderas de alemanes con su Coronel Jerónimo de Lodron.

En el centro; seguía el cuerpo de batalla con la infantería española de Luis Enríquez, organizada en Andalucía, y los Tercios nuevos españoles de los Maestres Zapata, Argote y Valencia.

A retaguardia los también nuevos Tercios españoles de Ayala, Niño de Zúñiga y Moreno.

Terminaba la formación, venía numerosa manga de arcabuceros españoles. Las unidades de esta especialidad de cada Tercio flanqueaban el suyo respectivo, cubriendo también su retaguardia.

Los cuerpos guardaban entre sí una distancia de ochenta pasos.

La artillería, que se componía de cincuenta y siete piezas de todas clases, con sus sirvientes y tren correspondiente, desfilaba entre la vanguardia y el cuerpo de batalla, conducida por Francés de Álava.

El ejército de Felipe II se apoderará de todo el reino en una rápida y brillantísima campaña.

Ana de Austria
De la estancia del Rey en Badajoz podríamos contar muchas historias, que en alguna ocasión hemos contado y otras que ya relataremos. Quedémonos de momento con la muerte de Ana de Austria (1549-1580), hija del emperador Maximiliano II.

Al final de aquel verano se extendió a Extremadura la epidemia del Catarro que ya reinaba en Portugal y de ella estuvo gravemente enfermo el Rey, que recobró la salud. La Reina, que también la padeció, murió de ella el 26 de Octubre.

El Rey fue á pasar los primeros días de luto al convento de San Gabriel, donde estuvo retraído algún tiempo.

Doña Ana de Austria había tenido su último hijo el 14 de febrero de 1580, hallándose embarazada cuando murió. Se enterró en el convento de Santa Ana de Badajoz. Aunque se ordenó que su cuerpo se trasladara al monasterio del Escorial, al parecer sus entrañas y feto fueron dejadas en el convento de Santa Ana.

El Rey salió de Badajoz para Lisboa el 5 de Diciembre de 1580 enviando a Madrid a su primogénito el príncipe Diego y a las Infantas. (Al príncipe Diego de Austria le sorprenderá la muerte casi dos años después a muy temprana edad, cuando tan sólo contaba con 7 años). El título pasaría al siguiente de sus hermanos, el infante Felipe, futuro Felipe III)

Seis meses fue Badajoz la sede desde donde se dirigía la primera potencia Europea, y donde alcanzará el Imperio español su apogeo, convirtiéndose en el primer imperio mundial, que tenía territorios en todos los continentes del planeta tierra.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

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